Sara Baras inunda la "Catedral del Cante" con su "Medusa"

Ago
12
 «Medusa” llegó anoche
en forma de Epopeya-Flamenca a la “Catedral del Cante” de la mano de la bailaora gaditana, Sara
Baras, tras haber interpretado en los últimos años con notable éxito a otras grandes mujeres de nuestra historia como «Mariana Pineda», «La Pepa» o «Juana la Loca». Y hablamos de
bailaora porque fue precisamente cuando la de San Fernando bailó Flamenco, hizo de la Sara
Baras más “auténtica” y “metió el tacón”, el ambiente en el coliseo unionense
se tornó más álgido en su particular visión del mito griego.
Con “Medusa”, acompañada por el bailaor José Serrano, el antiguo mercado público se trasladó a la antigua Grecia, soñó durante casi dos
horas con ser un personaje de Homero, haber luchado en la Guerra de Troya o surcado
el Estrecho de Salamina para defender el territorio heleno contra las hordas
persas del rey Jerjes. “Medusa”, fue, es, fuerza, pasión, sufrimiento, entrega, es vida y es muerte, fue la expresividad y plasticidad que la Baras y su cuerpo de baile imprimieron en
cada movimiento, en cada taconeo, en cada escorzo. El de anoche fue un arriesgado espectáculo
audiovisual entre danza, flamenco y teatro, que gustó en el coliseo unionense,
aunque quizá se echó de menos más flamencura de la que la gaditana posee a
raudales y que cuando el excelente cuadro de músicos que la acompañaba adquirió
protagonismo salió a borbotones de las tablas del mercado. Cuadro compuesto por Keko Baldomero en música y guitarra, acompañado al toque por Andrés Martínez,
el chelo de Iván Cortés y la percusión de “El Pájaro”.
El espectáculo se dividió en dos
partes bien diferenciadas para el espectador. En el primer acto, Sara Baras,
caracterizada como Medusa, símbolo de pureza y hermosa sacerdotisa del templo de Atenea, bailó enérgica, poderosa y con el brío propio de la
mocedad de esta joven helena. En la segunda parte y tras ser
violada por Poseidón, enloquecido por su belleza, todo se torna oscuro, negro y dramático con una Sara Baras
tremendamente expresiva, ante la cual y tras el castigo a la eterna soledad de la diosa Atenea “quién osara mirarla en piedra se
convirtiera”. Hasta que Perseo la decapitara mirándola tras el reflejo de su escudo.
Al finalizar la actuación y tras la ovación del público de La Unión la bailaora agradeció su presencia en el FICM, un escenario ante el que «siente un gran cariño y respeto bailar en él». No quiso Sara Baras despedirse sin dedicar su actuación al recientemente fallecido, maestro de maestros y genial tocaor, Paco de Lucía, lanzando al cielo un emotivo beso que fue correspondido por un cerrado aplauso del respetable y gritando a los cuatro vientos un ¡Viva La Unión! ¡Viva Paco de Lucía!

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