Ruido y nueces

May
31
 La UNESCO lo dejó todo claro con la declaración del Flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Bien claro, además. Queda más claro aún cada vez que escuchas a un cantaor, cada vez que un tocaor te lleva a lugares lejanos o que unos bailaores o bailaoras realizan escorzos imposibles al compás de un cajón o al abrigo de unas palmas. Patrimonio de la Humanidad, universalidad es cada vez mayor, universalidad que se demuestra cuando cuatro personas de cuatro latitudes del mundo distintas se unen y hacen suyo el Flamenco, Flamenco con mayúsculas. Cuando un tocaor valenciano y una cantaora gaditana te embriagan, cuando unos bailaores, una alemana y otro hispano-chileno te impactan…eso es el Flamenco.
La noche del viernes en Murcia Flamenca fue especial, distinta, mágica, arrebatadora, pero sobre todo, del escenario de la peña murciana sobresalieron dos cosas; la fuerza y la pasión. Dos elementos que llegaron «a espuertas» a los asistentes a la gala. Por tangos, por alegrías, por serranas, por farrucas o por tarantos. De los dedos del tocaor, de la delicada voz de la cantaora o de los eternos taconeos de ella y él, de los bailaores, que llenaron con su presencia Murcia Flamenca. Un espectáculo bonito y apasionado, una noche arrebatadora de Flamenco en nuestra ciudad.
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