Un piano a pecho descubierto, flamenco de otra dimensión

 Lo sutil y lo etéreo, lo arrollador y lo volcánico, lo elegante, lo sensible. Un piano a pecho descubierto, flamenco de otra dimensión. Eso es Dorantes y eso fue en la jornada del pasado viernes 22 de noviembre en la presentación de “InterAcción” en el III Festival Flamenco Mediterráneo de Alicante, un evento que a base de programación de calidad se está haciendo un profundo hueco en el espectro cultural y flamenco de la Ciudad de la Luz. Un must que dirían los milennials.

Para la ocasión, el maestro se rodeó de un enorme elenco de artistas en su debut en el festival alicantino; Leonor Leal al baile, Rafael de Utrera al cante y Javier Ruibal a la percusión. Pero además, David Peña Dorantes tuvo a su vera, tiene en sus adentros a su abuela, María La Perrata, su padre, Pedro Peña Fernández, su tío, Juan Peña El Lebrijano y hasta la Bernarda y la Fernanda de Utrera con quienes también comparte genes. Y claro… todo ese manantial se manifiesta, sale desbocado del escenario en forma de conocimiento, sensibilidad y virtuosismo, para nuestro gozo.

De esa mágica unión nace un espectáculo redondo en el que lo terrenal y lo físico, la música de su piano, la voz rasgada de Rafael de Utrera, el baile tan sobrio como vanguardista y delicado de Leonor Leal o la percusión certera de Javi Rubial se unen con lo intangible, con los sentimientos más profundos y el vello se te eriza, incluso alguna lágrima osa brotar con lo que mana del proscenio, que es música de deidades.

Dorantes lo hace una y otra vez (emocionar digo) con esas manos que, endiabladas, libres o con todo el peso del flamenco, vuelan o se posan jondas sobre las teclas de su piano. Y te lleva por bulerías o seguiriyas, te hace levitar con sones jazzísticos o  te pasean por el fandango. En Alicante ofreció grandes piezas de su repertorio como Sin muros, Batir de alas (a su madre), Barrio latino, Semblanza de un ríoCaravana de los Zingalli con la que cerraron. Y Orobroy claro ¡Ay Orobroy qué relación tenemos!

Es siempre el último de sus pulsos al piano, el remate que diría un flamenco, un momento de éxtasis y paz al que sigue una cerrada ovación. Quieres más cante y más baile, más piano para que el vello se te vuelva a erizar con una nueva falseta del maestro. Y vuelta empezar. Es flamenco de otra dimensión.

PD: Gracias maestro.

 

Redacción y fotografía: Gabriel Maldonado.

 

error: © Todas las imágenes y contenidos de la web son propiedad de alaireyacompas.es