Tradición y esencia en el inicio de la 23 Cumbre Flamenca Murcia

La 23 Cumbre Flamenca Murcia arrancó anoche con la fuerza de tres jóvenes valores de nuestro flamenco. Jesús Méndez, Antonio Reyes y Alba Heredia, Premios Artistas Revelación de la cumbre, ofrecieron una excelente velada llena de ortodoxia y esencia. Puro Cádiz en las voces de Jesús y Antonio, puro embrujo granadino en el baile de Alba

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Tradición y raíz en el comienzo de la Cumbre Flamenca Murcia al abrigo del eco jerezano de Jesús Méndez, quien abrió por tientos-tangos la primera de las cuatro noches del certamen murciano. Por soleá templó el metal jondo que tiene en su voz y con el que abarcó el enorme espacio escénico del Teatro Romea. Nos llevó a continuación a su tierra, a Jerez, a su plazuela, por seguiriyas, profundas en su poderosa garganta.

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Tras su lamento por este cante grande nos regaló una bellísima serie de fandangos rematados a palo seco frente al público del Teatro Romea con los que dio paso al fin de su recital. Bulerías para cerrar, como no podía ser de otra manera. Por bulerías jerezanas se fue Jesús Méndez acordándose de Juan Moneo Lara El Torta e imprimiendo el sello de su casa, de la saga cantaora de los Méndez y la esencia de La Paquera en Murcia además de dejarnos con ganas de más flamenco…

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Y llegó. Llegó más flamenco, del bueno. Antonio Reyes trajo la esencia del cante a la Cumbre Flamenca Murcia. Ofreció el cantaor un delicioso recital que emborrachó de buen gusto y pausa, de jondura. Comenzó el chiclanero por soleá para a continuación mecernos por alegrías de Córdoba con las que despacito y a compás saboreamos el metal de su voz, pleno de color y matices.

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Continuó por seguiriya, a la que Diego del Morao construyó un monumento al toque. Erizó Antonio Reyes, con esa reminiscencia a José Monje Cruz que atesora, por bulerías a las que desnudó de compás y vistió de elegancia. Por fandangos cerró su presencia en Murcia el cantaor chiclanero, dejando un bouquet en los aficionados de esos que no se olvidan con facilidad.

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Tras la dulzura de Antonio Reyes, llegó el arrebato a las tablas del Teatro Romea. Volvió Alba Heredia a la tierra que le otorgó hace unos meses uno de los mayores éxitos de su carrera, el Trofeo Desplante en La Unión, y lo hizo llena de energía y con ganas de devolver todo lo recogido en la ciudad minera y flamenca. ¡Vaya si lo hizo! Arrancó Alba por su tierra, por Graná, sus tangos y su embrujo, entregándose desde el primer momento en sus mudanzas y escorzos al público murciano que sólo podía caer rendido ante ella, a sus ojos, a su poderío, a su pasión.

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Tras esta primera descarga de fuerza, nos dejó Alba Heredia en la compañía de los componentes de su cuadro flamenco: Joni Cortés y Juan Ángel Tirado al cante, Manuel Fernández al toque y las palmas y jaleos de Rafaela Heredia llevándonos por bulerías, no teniendo así el respetable hueco para el respiro.

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Volvió la granadina a las tablas del Romea de puro negro, para estremecernos con su baile por soleá, la soleá de la Bernarda. Dramática, intensa y jonda. Pura. Enorme en el desarrollo de su baile, baile que colmaba de expresividad con su mirada, con sus gestos y la flamencura de su casta, los Maya.

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Lo dio todo Alba Heredia y Murcia lo agradeció poniéndose en pie para despedirla al compás de bulerías, ese con el que todos nos fuimos a la cama soñando con la siguiente noche flamenca en esta cumbre que el viernes dio el primero de sus pasos. ¡Ole!

Redactor: Gabriel Maldonado.

Fotografía: José Miguel Cerezo Sáez.

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