Miguel de Tena y Capullo de Jerez en la cumbre del cante

Y cerró la Cumbre Flamenca de Murcia con un pase doble, a cargo de dos clásicos de las escena: Miguel de Tena y el Capullo de Jerez. Noche de contrastes en el Romea con un extremeño y un jerezano, una voz potente y limpia con toques acaramelados frente al cante “rajao” y sin filtros. Dos maneras de esculpir el cante.

Compareció en primer lugar Miguel de Tena junto a la guitarra de Chaparro de Málaga, arrancando templadamente por peteneras y enlazando con tientos tangos:

“Niño que en cueros y descalzo

vas llorando por la calle

ven acá conmigo

madre de mi corazón

yo tampoco tengo madre

que la perdí cuando niño.”

Elevó Miguel de Tena el canto al cielo para clamar la pena y la amargura por soleá y, aunque dio muestras de cierta incomodidad, arrebujado en la silla, en el cante por granaína parecía mecido por la guitarra de Chaparro.

Luego, tomó aire, se deshizo de los aparejos y se puso al frente del escenario para rematar por fandangos:

“No presumas de grandeza

déjate ya de tonterías

tu casa es como la mía

y un paraguas y media mesa

y cuatro sillitas

partidas.”

Tras un breve parón, el telón volvió a alzarse hasta el techo del teatro para descubrir las figuras de Jose Rubichi, Jesus Flores, Jose Peña y Jose Ignacio Franco amparando a Miguel Flores. Un Capullo que destacaba en la silla con su traje azul celeste, nimbado por su alborotada melena en el escenario. Inició solemnemente su andadura por soleá, los ojos vehementes, la voz desgarrada y la boca retorcida, marcando con intensidad el compás con las palmas.

El Capu ya no aguantó más, se levantó y prosiguió susurrando por toná y comenzó el espectáculo, deambuló de punta a punta por el teatro a lo Jagger, con extenso catálogo de tangos, volviéndose loco, volviendo loco a los músicos y contagiando su bendita locura.

Sumó a su repertorio unos fandangos y después estiró la noche por bulerías y aunque más de uno necesitara para la ocasión un diccionario Español-Capullo, Capullo-Español, los presentes no necesitaban traducción para empaparse de su libertad, su misticismo y su caos.

La culminación de una Cumbre Flamenca de Murcia que despide su XXVII edición.

 

Redacción: Ibán Hernández.

Fotografía: Gabriel Maldonado.

 

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