Sonia Miranda expone su lección de flamenco en la 45ª Semana de El Taranto

El quinto recital del ciclo que se está celebrando en El Taranto tenía a priori un carácter especial: la cantaora Sonia Miranda era la primera mujer que se iba a subir al escenario en esta 45ª Semana Flamenca. Por cierto, ella y Judit Alférez son las únicas mujeres en el cartel. Trece a dos gana el género masculino y no hace justicia esta goleada a la búlgara (España 13- Bulgaria 0, el 21 de mayo de 1933) cuando en el panorama flamenco actual existe una larga lista de buenas cantaoras. Eso sí, siguiendo la tradición, ni una sola guitarrista de élite. Aunque se están dando los primeros pasos y, no lo duden, todo se andará. Por cierto, todo esto que les estoy contando me viene bien para encontrarle algún defecto a una programación de lujo.

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La otra peculiaridad del recital era su marcado carácter almeriense. Sonia Miranda (Isla Mayor, 1974) aunque nacida y criada en la provincia de Sevilla, hace mucho tiempo que vive en Almería, en donde han nacido sus hijos. Tiene, por tanto, la suerte de ser sevillana por condición y almeriense de adopción y el resultado artístico se ve enriquecido. Le acompañaba en el cartel Antonio Luis López (Almería, 1979), un guitarrista cuyo currículo le permite estar por derecho propio en la nómina brillante de una provincia que destaca, en calidad y cantidad, por sus intérpretes de la sonanta. Por último, otro detalle de paisanaje curioso: la guitarra con la que Antonio Luis iba a acompañar el cante de Sonia, ha sido construida por Juan Miguel González, lutier almeriense.

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A la hora del comienzo del recital la peña presentaba un magnífico aspecto, un lleno aparente sin el agobio de las tres noches anteriores. Muy pronto, Sonia se metió al público en el bolsillo. No sé si seré políticamente correcto (¡qué peligro!) al decir que subió al escenario especialmente guapa, vestida de flamenca y artísticamente adornada. Lo había preparado todo con mimo: la lista de cantes, los ensayos con Antonio Luis y, también, ¿por qué no? el vestuario. Esto, en mi modesta opinión, es un mérito de Sonia y una forma más de mostrar su respeto al público y a la Peña El Taranto y su semana grande. En fin, algo que entiendo es de agradecer, máxime con los tiempos que corren, en los que se ha puesto de moda acudir vestido de trapillo a las más altas recepciones.

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Sonia Miranda fue tejiendo, a lo largo de la noche, un recital redondo en consonancia con el esmero con el que había preparado la cita. Muy consciente de la lista de artistas que le habían precedido («menudos amiguitos me habéis echado por delante») puso el énfasis en cantes que sonaran distintos, como por ejemplo: la poco transitada caña y las casi olvidadas marianas. También cantó malagueñas, tientos-tangos, cantiñas y siguiriyas. Terminó su actuación a la manera clásica, cantando por bulerías. Con este último cante, que lo permite, Sonia exhibió su conocimiento de letras y músicas populares que los flamencos hacen propias al ritmo del cante de fiesta por excelencia. Me encantó el recital, uno de los mejores, si no el mejor, que le he escuchado a Sonia Miranda. Pletórica de facultades, en los bajos supo exponer la dulzura de su cante más intimista. En el éxito final colaboró, con una actuación muy sólida, Antonio Luis López, con conocimientos de músico de conservatorio y corazón de flamenco. El público disfrutó a lo grande y premió a los artistas -almerienses y socios de El Taranto– con una interminable ovación. Gloria bendita.

Redacción: Miguel H. Pérez.

Fotografía: Jesús Amat.

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