Sandra Carrasco derrama "Eszencia" en "El Malacate Flamenco"

 Caía la tarde sobre Cartagena llegando a ese punto de equilibrio entre el día y la noche. Generoso, el sol cedió el espacio a la luna, que orgullosa y plena se hizo la dueña del crepúsculo. Ese lucero anaranjado en el horizonte cartagenero, aleado con la brisa del mar Mediterráneo y las tímidas y cálidas luces del Restaurante Eszencia del Auditorio El Batel fueron el lugar perfecto para vivir un domingo especial. Nos lo regaló El Malacate Flamenco. Nos lo brindó, desde sus entrañas, de sus labios a nuestro corazones, Sandra Carrasco. Y sí, la vida, con momentos como estos, puede llegar a ser maravillosa.

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La Asociación Cultural El Malacate Flamenco cerraba el presente curso con una velada especial. Lo hacían mirando celosos a sus raíces más jondas y dejando a regañadientes que otros matices se colaran en sus sagradas escrituras. Abrían sus socios un apartado nuevo en ese Cossío flamenco que todos atesoran y se dejaron llevar. La noche así lo pedía. Y sí, a veces hay que dejarse llevar. Sandra Carrasco fue la perfecta compañera y dejó que su voz se fundiese al entorno cartagenero que agradeció, sincero, su entrega.

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A pelo arrancó la cantaora onubense, ofreciendo unas pinceladas de la amplia amalgama de colores vocales que atesora. Desde España a Latinoamérica rematando por África. Por si alguien tenía alguna duda de lo que iba a ver en El Batel, Sandra las disipó en cuatro ayeos que nos llevaron por latitudes lejanas. Pa no enfadar a nadie se adentró en lo jondo por seguiriyas y volvió a salirse con Hojas de otoño a ritmo de jazz. Envidia de Antonio Machín, en perfecta comunión flamenco-jazz fue el 0-40 en términos tenísticos a su favor. Ya os tenía derretidos malacateros. Confesad malditos.

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Nos llevó a sus entretelas, dejándonos rendidos a sus pies por bulerías, desgranando letras míticas de nuestro imaginario poético. Volver, en su voz, por guajira, fue un escándalo. Pasaba Sandra del puro blanco de un quejío al violáceo en sones de jazz, recorriendo toda la gama de rojos pasión en su arco iris vocal. Matices mil y vellos de punta. De punta a punta de las tablas improvisadas del Eszencia.

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Tangos, bossa nova, fandangos ¡qué mas da! El mar Mediterráneo trajo un soplo de aire fresco al Malacate Flamenco en la voz de Sandra Carrasco y tanto ella, como Melón (sí, Melón Jiménez) su guitarrista, y las decenas de personas que allí moramos aquella noche, nos dimos un gustazo como pocas veces hacemos en esta vida preñada de prisas. Malditas prisas. Gracias por parar el tiempo Sandra. En estos días en que la sonrisa es mas cara de lo habitual nos fuimos a casa con ella dibujada en los rostros. Y colorín colorado…

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Redacción: Gabriel Maldonado.

Fotografía: José Miguel Cerezo Sáez.

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