Morente – Sabicas / Pamplona - Pamplona

 Continuaban nuestras andanzas por tierras navarras en esta séptima edición del Flamenco on Fire. La agenda de conciertos se iba intensificando y casi no había tiempo ni para escribir. A pesar de ello, había que disfrutar del festival y seguir degustando todo lo que nos ofrecía. En la mañana del viernes, tras asistir al maravilloso recital de La Macanita en la plaza del ayuntamiento, del que ya les hablamos en estas páginas, nos dirigimos a la Plazuela de San Juan para seguir disfrutando del arte. En el camino, nos llamaba la atención una fachada roja, salpicada de pinturas azules, rojas, amarillas y negras, en forma de lunares y nexos. Era el centro cultural flamenco La casa de Sabicas, que nos serviría como punto de partida a lo que íbamos a ver a continuación.

Recordábamos entonces aquel disco que se publicaba en 1990 que llevaba por título Morente – Sabicas / Nueva York – Granada… Tanto monta, monta tanto… Enrique puso muchísimo empeño para llevar a cabo aquella grabación, ya que, como él mismo reconocía en unas declaraciones para el diario El País, “no había una grabación de Agustín Castellón con sonido actual acompañando cante jondo y clásico” y el genio de Granada creía que aquel toque debía ser registrado para la historia puesto que serviría como una lección para guitarristas futuros. Aquel disco se convertiría en la última grabación del maestro navarro, y como no, Enrique estaba al cante. Seguramente el genio del Albaicín hubiese estado encantado de participar en esta edición del Flamenco on Fire en la que se homenajea a Sabicas, y muy probablemente su alma merodeó por las calles de Pamplona para iluminar a su vástago.

Y es que, unos minutos después de pasar por la Casa Sabicas, Kiki Morente se subía al escenario de la Plazuela de San Juan, para comenzar su recital con el Poema de la Seguiriya de Federico García LorcaEmpieza el llanto / de la guitarra / se rompen las copas / de la madrugada / Empieza el llanto / de la guitarra / Es inútil callarla / Es imposible / callarla”, y terminar la ronda de cante con un recuerdo ineludible “En las calles de Pamplona suena la guitarra del maestro Sabicas al compás del cante de Morente”. Siguiendo el ejemplo de lo que hacía su padre, con El Popo como escudero, comenzaba ese final característico de sonidos guturales, chasqueo de dedos y compás de palmas y pies para culminar la interpretación. El círculo estaba prácticamente cerrado…

José Enrique ya es artista y ha aprendido a hilar fino. Aprovechando que estábamos en la Plazuela de San Juan, parecía la ocasión idónea para rendir tributo al homónimo. Se sentaba en la enea Kiki y empuñaba su guitarra para ofrecernos esos maravillosos cantos espirituales de San Juan de la CruzPues si ya en el ejido / de hoy, mas no fuere vista ni hallada / diréis que me he perdido, / que ando enamorada, / me hice perdediza y fui ganada”. Continuaba José Enrique con una personal soleá de La Andonda interpretando esa letra que dice “La tierra con ser la tierra / se comerá mi dolor; / al pie del almendro estuve / y no le corté la flor” y terminar con otro tercio, sello de la casa, “No hay nadie en este mundo / que te quiera más que yo / debajo tierra me meto / donde no me vea ni Dios”. Todo de una manera pausada, rebuscándose para ofrecer lo mejor, intentando defender lo que tanto escuchó en casa y sabiendo el peso que tiene su apellido.

Quizás en un escenario como ese lo fácil hubiese sido hacer unos cuantos cantes festeros, pero José Enrique intentó llegar al público de otra manera, como siempre lo hace… Inducía entonces el hijo de Enrique y Aurora a subir a las tablas a un invitado muy especial, Josemi Carmona, que se convertía en su guardián a las cuerdas. Juntos interpretaban el poema Vuelta de paseo de Lorca, en tono de granaínas, aquel que se incluyese en el mítico disco OmegaEntre las formas que van hacia la sierpe / y las formas que buscan el cristal / dejaré caer mis cabellos / tropezando con mi rostro / distinto de cada día / ¡Asesinado por el cielo!”, para acercarse más tarde a la Niña de los Peines y demostrar su devoción por el buen gusto: “Tú llevas una cruz al cuello / engarzada en oro y marfil / Déjame morir en ella / y crucifícame allí / una cruz llevas al cuello”.

Continuaba Kiki rindiendo tributo a la Generación del 27, en este caso a una mujer, concretamente a Concha Méndez con una variación del poema Quisiera tener varias sonrisas: “Quisiera tener varias sonrisas de recambio / y un largo repertorio de maneras pa’ expresarme / O bien con la palabra, o bien con la manera, / para encontrar la forma de decirte que yo te amo”, todo ello magistralmente interpretado por aires de taranta antigua. No cabe duda que Kiki sigue la senda de su padre, pero, como en esta ocasión, investiga y trata de ir más allá. Sin duda eso es mucho decir, pero José Enrique es valiente y trata de forjarse una personalidad propia. Evidentemente no se puede negar de dónde viene, pero tata de imprimir su propio carácter y, sin duda, en muchos momentos lo consigue.

Para finalizar Kiki, Josemi y el Popo nos ofrecían una bonita versión por bulerías de aquel tema de Ketama titulado Así me siento, “No te conoce niño ni la tarde / porque tú has muerto para siempre / y así me siento, así me siento / cuando te veo venir / así me siento, así me siento yo” y terminar enlazando con tangos con el célebre poema del Balcón del ilustre poeta granadino “La Lola canta saetas / los toreritos / la rodean / y el barberillo / desde su puerta / sigue los ritmos / con la cabeza” Llegaba a su fin con estas letras el recital del viernes, pero el sábado volveríamos a tener la oportunidad de degustar a José Enrique.

Ya en el balcón del ayuntamiento, acompañado en esta ocasión por el embajador del festival, el maestro Pepe Habichuela, el pequeño de los hijos del maestro Morente comenzaba su recital con la granaína de ChacónRosa si no te cogí / fue porque no me dio gana / al pie de un rosal dormí / y rosa tuve por cama / de cabecera un jazmín”. Continuaba con la caña “El pensamiento me anima / a querer a esa gitana / pero teme que me deje / con la vergüenza en la cara”. De pronto el cerrado cielo pamplonica se abría y dejaba pasar los rayos del sol. Desde el público gritaban “¡Pepe, ha salido el sol pa’ ti!” con la consiguiente sonrisa del maestro y la aseveración de Morente¡Qué bonito!

La comunión era perfecta y la guitarra del maestro Habichuela daba pie al Kiki para cantar la taranta de Vallejo: “Tú una joya y yo el joyero / tú eres el agua y yo la corriente / tú una joya y yo el joyero / tú el pueblo y yo la gente / tú la máquina y yo el fuego / Tú el pecador y yo el penitente”, que proseguía con la cartagenera de Chacón tamizada por el filtro de su padre y del suyo propio, haciendo esa poco escuchada letra de “Son desabríos”, “Ay, desabríos… / como el tiempo es variable / son los aires desabríos; / porque a mí me han dicho los contratables / que el que se vea aburrío / que vaya y trabaje en el cable”. Una vez más, defensa de lo antiguo, de todo ese conocimiento adquirido en una casa que desprende arte por los cuatro costaos.

No podían faltar los tangos, esos que José Enrique hace personales, reinterpretando aquellas letras grabadas por su padre tituladas Tienes la cara, “¡Ay la vida! / Que se me va!”. Se nos acababa el recital de José Enrique Morente y el maestro Pepe Habichuela, dos generaciones unidas por el arte flamenco, dos familias hermanadas desde hace mucho y que sin duda lo seguirán estando.

Por la tarde, en el Palacio Condestable, continuaba el homenaje al maestro Sabicas, era el turno de otra leyenda de la guitarra flamenca que, como en el caso de Kiki Morente, también tendría una doble actuación programada. Hablamos de Víctor Monge Serranito.

Después de seis años sin tocar ante el público el maestro volvía a pisar los escenarios y apuntaba que eso le había “proporcionado unos nervios estupendos”. Así pues. comenzaba su recital interpretando esa delicada taranta que lleva por título Cazorla, exaltando esa sierra donde nace el Guadalquivir, que nunca para hasta llegar a Sanlúcar de Barrameda. Balbuceando las notas, que ilustraban sus dedos, con su voz, como si de un músico de jazz se tratase, continuaba su recital el maestro madrileño por soleá, interpretando Paseando por Triana, un tema en el que introducía grandes dosis de inspiración e improvisación.

 

Sin duda, a pesar de la edad y las dificultades para tocar que el paso del tiempo conlleva, de las manos de Serranito se desprende todo el aire clásico de la guitarra flamenca de concierto. El “guitarrista de guitarristas” como lo define José Manuel Gamboa, continuaba su recital homenajeando a Sabicas con una farruca, ese estilo que tanto le gustaba al maestro navarro. Para concluir la tarde, Víctor Monge ofrecía al respetable el estreno de Lágrimas para Granada, una composición por granaínas inspirada en la expulsión del sultán Boabdil de Granada.

 

A la mañana siguiente, ya desde el balcón del ayuntamiento, Serranito comenzaba su recital con la composición Llora la Farruca. Juan Luis Cano, desde el público le jaleaba Serranito, viva tú. Mientras tanto, aparecía en el balcón su discípulo Javier Conde, que se convertía en fiel escudero del maestro madrileño, para interpretar una composición inspirada en los cuatro elementos de la naturaleza. Tras el saludo a la familia de Paco de Lucía que asistía al recital, culminaban el concierto con una particular versión de la famosa obra Recuerdos de la Alhambra. Sin duda no fueron los mejores recitales de Serranito, que según confirmaba estaba preparando una gira de despedida para 2021. Esperemos que, aunque se baje de los escenarios, siga enseñando por muchos años, el mundo de la guitarra se lo agradecerá.

Redacción y fotografía: Onésimo Samuel Hernández Gómez.

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