Mayte Martín encogió el corazón al Auditorio Víctor Villegas

 La noche del jueves preñó Murcia de magia. La magia que recorrió la Sala Miguel Ángel Clares del Auditorio y Centro de Congresos Víctor Villegas en la voz de Mayte Martín quién derrochó sensibilidad en la presentación de su espectáculo Por los muertos del Cante en la capital del Segura. Anduvo acompañada la catalana por otros tres grandes alquimistas en este regalo que unos pocos afortunados tuvimos la suerte de vivir y sentir. La bella voz de Mayte Martín, la guitarra, flamenquísima guitarra de Juan Ramón Caro y la belleza en el toque sensible de José Luís Montón junto la percusión, delicada, enorme, de Chico Fargas fueron los responsables del embrujo, la alquimia y la magia de la que fuimos víctimas los que allí dejamos un pedacito de nuestra alma. Murcia y el Víctor Villegas disfrutaron de un lujo que ningún aficionado al flamenco de nuestra tierra debió perderse. Un lujo.
 Es Por los muertos del Cante en palabras de su protagonista «la memoria, la sagrada y bendita memoria que permite que sobreviva y sangre lo que ya no se puede tocar». Fue Por los muertos del Cante anoche en Murcia belleza. Fue emoción contenida, fue dulzura. Fue tocar lo intangible con las yemas de nuestros dedos. Fue esencia. Fue sangre, sangrar al abrigo de una grande del flamenco a lo largo de dos horas de homenaje y recuerdo a aquellos que fueron la luz y guía de Mayte Martín.
Comenzó el recital la cantaora evocando a La Niña de los Peines con Los Campanilleros donde la delicadeza en su voz se unió a la hermosa comunión de las guitarras de Caro y Montón. Belleza. Por Zambra con La Tana continuó nuestro viaje por la memoria, esta vez por el recuerdo a Carmen Amaya y el maestro Sabicas. Y nos detuvo por Petenera, aquella que una vez escuchara en Méjico y que hizo suya, creando su petenera mejicano-andaluza, magia de nuevo en la Miguel Ángel Clares.
Recordó la fuerza de Pastora por Tientos-Tangos y se acordó del Cojo de Málaga, del cazallero Joselero, de la Rempompa de Málaga y del último bohemio que nos dejó hace escasos días, Manuel Molina. Se acordó de todos ellos, de su duende y su compás y nos cantó bonito…
Triana, Triana, que bonita está Triana,
que bonita está Triana, que bonita está Triana,
cuando al puentecito le ponen las banderitas republicanas.
Se quedaron a solas Mayte y Juan Ramón, Juan Ramón y Mayte. Nos llevaron ambos a otras latitudes. Por Cantes de ida y vuelta, por Guajira, en homenaje a dos de sus guías, Valderrama y Marchena con Mi mulata. ¡Que linda su guajira! ¡Que lindo el ayeo de Mayte y la sonanta de Juan Ramón! Por Bulerías fue la siguiente parada. Parada emocionada, sentida, delicada…susurrada.
 
Dime tu precio,
dime cuanto vale,
mirar a tus ojos y darte un beso
Volvieron Chico Fargas y José Luís Montón al escenario para acompañarnos, de nuevo, todos, por Livianas, Me voy yo solo. Por Fandangos, los de Manuel Torre, Ni que me manden a mi del genio Camarón de la Isla y el Amante de otro genio, Enrique Morente nos fueron llevando al final del espectáculo en el que se acordó de Atahualpa Yupanqui y su Milonga del solitario que Mayte nos interpretó en clave flamenca.
Y quiso despedirse por Sevillanas con las preciosas letras que Manuel Pareja Obregón escribiera e hiciese universales…quiso. Quiso despedirse porque Murcia no la dejó marchar. La Sala Miguel Ángel Clares al completo regaló a Mayte Martín un intenso y largo aplauso que la catalana agradeció ofreciendo el último momento especial de la noche. Sonó entonces y para dejarnos el corazón definitivamente encogido  S.O.S con su dulzura, su serenidad, su elegancia, su delicadeza, su magia y caímos rendidos a sus pies. Los muertos del cante andarán emocionados. Mayte…gracias por esta noche.
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