La verdad de Manuel Fernández "El Borrico"

 Jerez guarda en sus calles, plazas y tabancos parte de los secretos del flamenco, arte centenario. Secretos que conservan algunos de sus moradores. Uno de ellos es Manuel Fernández El Borrico, nieto del Tío Gregorio, Borrico de Jerez, y emparentado con la nobleza flamenca de la ciudad. En la tarde del pasado sábado 13 de marzo, con el toque de Ramón Trujillo, a punto de cumplir un año del comienzo de la pandemia y con escrupulosas medidas de seguridad, ofreció su verdad y el cante de su casta para Murcia Flamenca en la Asociación Cultural La Madriguera. La verdad de Manuel Fernández El Borrico

Arrancó la noche con una ronda por tonás, con carcelera y martinete, bajo el amparo de esa verdad que Séneca definiera siglos atrás como ausencia de artificios. No los necesita Manuel. Roto el hielo y su garganta, tras las prescriptivas presentaciones, continuó la velada, despacito y gitano, por Cadiregocijándose en cada tercio ante una Murcia tímida que va recuperando su latido flamenco tras el obligado parón pandémico.

Guiñó con su verdad a la tierra por taranto y cartagenera para continuar derramando soníos negros, herencia de su tierra, de su abuelo, del que se acordó en varias ocasiones a lo largo de la noche. Continuó por tientos que viraron a tangos evocando a José Monje Cruz, Camarón de la Isla:

Si yo nací de raza gitana,

soy gitanito y canastero,

a mí me gustan las gitanas,

con pañuelitos al cuello

En el siguiente tramo de la velada volvió Borrico a Jerez con su cante por soleá clamando al cielo por Terremoto y Tío Gregorio, y cantes de trilla, personales, a su modo, honrando a su tío Fernando de la Morena y trayendo a Murcia la cultura agrícola y ganadera de su tierra. Más profundidad en su garganta a palo seco:

Que preparen las yeguas 

dile al yegüero

que mañana es la trilla 

del raspinegro

Por seguiriyas brillaron. Por arriba, a veces, por debajo, en otras, siempre certero, meticuloso y sutil Ramón Trujillo al toque con el quejío ancestral y pausado de Manuel Fernández. Afrontamos así el final del espectáculo con una serie de fandangos, con ecos a Caracol y Manuel Torre, para rematar por Jerez con una pataita por bulerías. Faltó calor y abrazos, faltaron charlas al abrigo de un trago pero volvió el flamenco, ese que nunca se va aunque sea en la soledad de un  giradiscos. ¡Qué siga el espectáculo y gracias Murcia Flamenca!

Redacción y fotografía: Gabriel Maldonado Rufete.

 

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