La seguiriya de Rocío Márquez

 En los numerosos foros flamencos en los que estamos presentes casi siempre emerge el estéril debate sobre qué es este arte y qué significa. Los grandes tribunales jondos juzgan implacables lo que no suena a la imposición mairenista reinante desde mitad del siglo pasado y las propuestas que circundan ese mundo canónico son rechazadas sin ningún tipo de reparo. En ocasiones, ni respeto. Hay artistas subyugados a esa Santa Inquisición Flamenca pero otros, ni tienen, ni ponen límites a sus carreras. Es el caso de la Márquez, Rocío Márquez.

La de Huelva, poseedora de la Lámpara Minera en el Festival del Cante de las Minas de La Unión en 2008 y premiada con el prestigioso galardón francés Les Victoires du Jazz al Mejor Álbum de Músicas del Mundo el pasado año por su trabajo Visto en el Jueves, no tiene fronteras. Rocío lo mismo se ajusta al ritmo frenético de los Derby Motoreta´s Burrito Kachimba en su versión de la camaronera Viejo Mundo, que canta a la vera de Albert Pla, The New Raemon, Jorge Drexler o con el flamenquísimo toque de Miguel Ángel Cortés y el compás de los Mellis como ocurrió el pasado sábado en el Teatro Auditorio Ciudad de Alcobendas.

Arrancó la noche por ida y vuelta con guajira para mecernos y templar la luz que nace de su garganta. Continuó acordándose del maestro Enrique Morente con Chiquilín de Bachín de Piazzola y serrana y abandolaos marca de la casa del maestro granaíno. Ya nos tenía atrapados en sus redes. Siguió con una larga tanda de letras por tangos deteniéndose en Extremadura y Graná para arrebatar al teatro alcobendense… “No te vayas al río a bañarte sola, mira que los barquitos y las barquitas levantan olas”.

Nos paseó por los campos marcheneros con la milonga El año del planeta de su trabajo El Niño con el que comenzó a salirse de las lindes y cuyo camino desconocemos dónde la llevará. Se enfrentó al mal fario por peteneras cantando padentro, profunda y jonda, al abrigo de las manos de Cortés y su sonanta: “Quisiera yo renegar / de este mundo por entero / volver de nuevo a habitar / mare de mi corazón / por ver si en un mundo nuevo / existiera la verdad”. Aguaaaaaaaaaaaaa.

La parroquia levantina que acudió a la llamada de su cante tuvo un regalo en forma de sangre y dolor, del ocre de las tierras unionenses  y olor a azufre por Miguel Hernández: “Quiero ser llorando el hortelano / de la tierra que ocupas y estercolas / compañerico del alma tan temprano / tanto dolor se me agrupa en el costao / que por doler me duele hasta el aliento“. Más poesía, poesía de conciencia, esta vez la de Antonio Orihuela, por romance y, Alcobendas se sobrecogía. Mal vamos “si no existe el caminar, solo llegar a la meta“.

De El Niño a Visto en el Jueves por rondeña que cantase el maestro Menese como recordaron desde el público: Empezaron los cuarenta. Por caracoles cogimos aire culminando con la seguiriya de Rocío Márquez, Firmamento. La jondura posmoderna, el desasosiego, la lucha interna, el quejío del siglo XXI: “Lo peor de la de la condena el cogerle gusto a las caenas“. Lágrimas. Remató por cuplé por bulerías y una tanda de fandangos. A su vera la noche volvió a ser eterna.

 

Redacción: Onésimo Samuel Hernández Gómez / Gabriel Maldonado

Fotografía: José Miguel Cerezo Sáez

 

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