Huracán Domínguez

Llegaba el final de la séptima edición del Festival Flamenco on Fire. De nuevo programa que se solapaba en horario. A las nueve y media de la noche coincidían el espectáculo que tenía como protagonista a Chano Domínguez en el Baluarte y los conciertos de Labudú, RomeroMartín y Los Chichos en la Ciudadela S.XXI. Con cierta melancolía caminábamos por las calles de Pamplona, nuestra cita navarra con el flamenco llegaba a su fin, pero queríamos disfrutar de lo que todavía nos quedaba por ver, y eso hacía que caminásemos con más alegría.

El escenario del Baluarte se presentaba repleto de atriles para que la Sinfónica dirigida por Óliver Díaz tomase su lugar. Tras la orquesta aparecían los músicos de Chano, cuya banda, en esta ocasión, estaba formada por el cante de Blas de Córdoba, el cajón de su hijo, José Córdoba El Moskito, el contrabajo de Pablo Martín Caminero y la batería del cubano Michael Olivera.

Comenzaba la primera parte de la noche con la interpretación de De Cai a New Orleans, una obra escrita por Chano Domínguez hace diecinueve años a petición del trompetista Wynton Marsalis, compuesta por tres movimientos. Tras el ‘Encuentro’, en el que se sentaban las bases de lo que sería la travesía, llegábamos a la hermosa ‘Nana’, magistralmente cantada por Blas de Córdoba, que añadía belleza a las delicadas cuerdas que armonizaban la composición. Tras la exaltación del ‘guardián del sueño’, el cajón del Moskito marcaba el ritmo para llevarnos a las bulerías, cuyos ritmos eran remarcados por la sección de vientos, dando un cariz épico a la composición.

Con el piano de Chano como comandante, los músicos navegaban de orilla a orilla, para partir del delta del Guadalquivir y llegar al golfo de México adentrándose en el delta del Missisipi. Pero no para recorrer una travesía de millas musicales, sino para crear un todo que hacía que los aires de las diferentes músicas se fundiesen en un solo huracán. Y es que lo que pudimos vivir la noche del domingo en el Baluarte fue un auténtico huracán musical que recogía todas las esencias del jazz, del blues y por supuesto del flamenco.

Tras la suite inicial, legaba el turno para que aquella Jacaranda, publicada en 1996 en el álbum del pianista gaditano Hecho a mano, sonase más grande que nunca. Acompañada por la orquesta dirigida por Oliver Díaz, la composición, creada a ritmo de seguiriyas para trío de batería, contrabajo y piano, tomaba tintes sinfónicos y un carácter majestuoso. Las notas de piano nos llevaban por distintos vericuetos, como si de una banda sonora para película de suspense con final feliz se tratase.

Comenzaban a sonar entonces las notas de esa fantasía entre blues y bulerías titulada Mi prima de riesgo. Esa obra publicada en 2018 en el álbum Puro de Oliva, donde, en esta ocasión, la sección de vientos de la Sinfónica de Navarra tomaba relevancia, para llevarnos a otro tiempo, para hacer sentir al público participante de una secuencia de “cine negro”, como si de una big band se tratase, acentuando las notas, creando magia… Mientras, las percusiones de Michael Olivera y Moskito se fundían con la orquesta, como si hubieran estado tocando toda la vida juntos, en un alarde de musicalidad y delicadeza.

Tras la ovación del público, los músicos de la Orquesta Sinfónica de Navarra salían de las tablas. Las luces desaparecían de la parte trasera de la caja escénica para crear un nuevo marco. Así daba comienzo la segunda parte del espectáculo. Chano salía solo a escena para interpretar aquellas colombianas tituladas Alma de mujer, también recogidas en el disco Hecho a mano. Unas colombianas inspiradoras, que nos hacían viajar entre el Caribe y la Costa de La Luz, como siempre magistralmente interpretadas por las manos del maestro.

 

El resto de músicos salían al escenario para interpretar un maravilloso blues por seguiriyas, donde el quejío de Blas de Córdoba, aportaba todo el dramatismo a la composición. Sin duda, el metal rasgado del catalán es esencia pura del cante y Chano sabe apreciarlo y degustarlo, acariciándolo con su piano, para dar profundidad a esa desgarradora seguiriya.

Y tras la solemnidad de su majestad la seguiriya, llegaba el turno de Vámonos pa’ Cai, aquel tema que el pianista gaditano publicase en 2009, junto al célebre Paquito D’Rivera, en el disco titulado Quartier Latin. Una Descarguita por Bulerías llena de ritmo y color, con ciertos pasajes cercanos a la salsa, que se veía interrumpida en algunos momentos por los aplausos del respetable, que no podía contenerse. Sobre la sección rítmica destacaba el virtuosismo de Pablo Martín Caminero que recorría el mástil de su contrabajo y lanzaba notas con su pizzicato con total exquisitez.

Continuaba el espectáculo y llegaba el momento de recordar aquel trabajo que Chano Domínguez publicase en el año 2012, titulado Flamenco Sketches, con el que homenajeaba al mítico Kind of Blue”de Miles Davis. Blue and Green fue el tema escogido para la ocasión, ese que, como el propio pianista reconocía, no se sabe muy bien si había sido compuesto por Davis o por Bill Evans, pero que fue creado en la misma época que el poemario Baladas y Canciones del Paraná de Rafael Alberti. Y ese nexo temporal era del que se servía Chano para unir culturas, para incluir en el tema la letra de la Canción 51 del ilustre poeta del Puerto de Santa María. “En un verso de ocho sílabas / ¿qué no cabrá, si es una y tan sólo en ella / cabe el mar / Ocho sílabas son muchas / para cantar. / Me basta una que tenga / por dentro el mar.

Ritmos de son cubano comenzaban a sonar en el Baluarte, en esta ocasión magistralmente acompañados por Michael Olivera, que demostró su sutileza y elegancia durante todo el espectáculo, pero que en este momento parecía sentirse como en casa. El piano de Domínguez guiaba la melodía que casi hacía que el público navarro bailase en sus asientos. Todo el salero de la Caleta y del Malecón unidos en una sola música, en un solo instante.

Llegaba el momento de las presentaciones musicales, de esos solos característicos del jazz en los que los músicos se presentan y establecen diálogos entre ellos para mostrar su complicidad, donde la improvisación y el buen hacer demuestran la calidad que atesoran. Llegaba el final del concierto y para despedirse, Chano Domínguez, nos regalaba uno de sus himnos, el mítico Oye como viene, aquel tema que camina entre la rítmica del blues ternario y de las bulerías y cuya interpretación sería incluida en el maravilloso documental de Fernando Trueba, que homenajeaba a los artistas más destacados del Latin Jazz del momento, Calle 54. “Oye cómo viene mira niña como jugando / Oye cómo viene mira niña cantando / Oye cómo viene mira niña volando / Cómo viene, cómo viene cantando / Con las olas del mar” Y es que con las olas del mar llegamos aquella noche para navegar entre Cádiz y New Orleans, y con las olas del mar nos íbamos, en ese reencuentro eterno de idas y vueltas, de llegadas y partidas, de olas movidas por un huracán musical…

El ciclo de conciertos del Baluarte finalizaba con la actuación del pianista gaditano, pero en la Ciudadela el Flamenco on Fire continuaba. También a las 21:30h, había actuado Labudú en la fortaleza, teniendo como artista invitado a Josemi Carmona. No pudimos ver la propuesta de este grupo formado en Madrid que se define entre el flamenco y el blackmusic, pero sí que llegamos a disfrutar de apenas cuatro canciones de la siguiente propuesta que tenía lugar, la de Romeromartín.

Por los jardines que nos conducían al escenario de la Ciudadela empezábamos a escuchar los ritmos de ese concepto rompedor y arrebatador que nos ofrecen Álvaro Romero y Toni Martín. Los samplers de la Nana del culo, esa musicalización del Manifiesto (hablo por mi diferencia) de Pedro Lemebel, ocupaban el espectro sonoro de la capital navarra.

Ya sentados en el improvisado patio de butacas, continuaban sonando las programaciones de Toni Martin para que Álvaro Romero pusiese voz a la Seguiriya de los TiemposSe cambiaron los tiempos / me he cambiado yo” acordándose de las formas y ‘deformas’ del maestro Morente. ¡Y vaya que si han cambiado los tiempos! La evolución natural hace que letras clásicas convivan con ritmos electrónicos y se conjugue toda la esencia para dar sentido a lo cantado.

El salto al vacío de Romeromartín continuaba con el recuerdo de sus referentes. Era el momento de rendir tributo a la Marelu con esos tangos que la extremeña grabase junto a Paco Cepero y Enrique de Melchor titulados Mora cantaora. ¡Vaya temazo! “Yo lo digo como es / Yo lo digo como suena / los moritos toman el té / con canela y hierbabuena.

La experimentalidad musical continuaba, en ese camino que ciertamente no es nuevo, pero que a cada pasito se nos hace interesante. La milonga La época del cometa del maestro Pepe Marchena era la última parada del viaje. La llegada a la tierra prometida con un tema del que recordamos versiones que se han fabricado en los últimos años como la maravillosa de Rocío MárquezAllá en el 57 puso Dios omnipotente / un cometa ensangrentado / al amanecer de Poniente”. Álvaro Romero, actualizaba los giros vocales de Marchena tapando y destapando su boca, cual grito de guerra de los indios apaches. Desde el público se oía “Ole tu cante”, mientras las bases programadas por Toni Martín alcanzaban el clímax. Sin duda, la propuesta Romeromartín no deja indiferente a nadie, y es innegable la valentía que, en estos tiempos de crítica feroz, ofrece este proyecto, cargado de estudio y consiguiente desarrollo conceptual que ofrece más que interesantes resultados. Personalmente me quedé con ganas de más, y los seguiré muy cerca, ya que es uno de esos proyectos que se disfrutan más en directo que en disco. Apúntenlo…

Y es que no había tiempo para más, era el momento de Los Chichos, que eran los encargados de clausurar la séptima edición del Flamenco on Fire. Sí, sí, Los Chichos. En otro gesto de apertura, los organizadores del festival navarro organizaban como fiesta final la actuación del mítico grupo, que a lo largo de su trayectoria ha creado centenares de canciones que ya forman parte de la cultura popular. Sin ir más lejos el profesor Antonio Parra, anotaba, hace unos días en un artículo sobre festival navarro, que “la rumba madrileña que representaban Los Chichos y otros grupos de la época ha sido sociológicamente la seguiriya de este tiempo” entendiéndose como el grito social que suponía en esas décadas de los setenta y ochenta… e incluso de la actualidad, de ahí el dato de sus más de 22 millones de discos vendidos, casi ná.

Al fin y al cabo, como ellos mismos reconocían sobre el escenario, las canciones de Los Chichos son del pueblo y para el pueblo. Las historias que se cuentan son, en su mayoría, historias reales y vivencias que se universalizan a través de su música. Evidentemente Los Chichos, sin Juan Antonio Jiménez Muñoz “el Jeros no son lo mismo, pero los hermanos Julio y Emilio González Gabarre, junto al hijo de este último, llamado también Emilio, se ven arropados por una banda que defiende con solvencia las archiconocidas melodías del grupo.

Los Chichos, siempre preocupados por la normativa vigente, pedían a sus seguidores que no se levantasen de las sillas para bailar, pero incitaban al público a cantar sus letras. Aunque con mascarillas de por medio y con baile sentado era difícil comprobar el disfrute del respetable. Sin duda, ni el público ni los artistas están acostumbrados a este “nuevo” tipo de conciertos. Aun así, la banda continuaba con su trabajo interpretando temas como “Mujer cruel”, “Ni tú ni yo” -que dedicaban a toda la gente que estaba en la cárcel no por motivos de sangre-, “Odio”, “No juegues con mi amor”, “Calla chiquitín” o “Farruquito mío”, todos ellos cantados y coreados por el público de manera masiva, y es que, aunque no se viese los labios, se escuchaba y se sentía.

Con una fiesta coartada por la normativa se iba llegando al final del concierto. Desde bambalinas pedían al grupo que hiciese la última canción para respetar el toque de queda de la una de la madrugada, a lo que Emilio, que ahora ocupa el centro, respondía con un “Bueno, hacemos dos un poquito más rápidas”. Así que “El Vaquilla” y “Quiero ser libre” eran los dos últimos temas que resonaron en la Ciudadela. Nos hubiese encantado disfrutar del concierto de otra manera, pero en esta ocasión la libertad ha sido coartada por causas mayores. A ver si pasa pronto y podemos volver a ser realmente libres. Libres como este festival al que hemos asistido y que hemos intentado contarles desde esta página.

 

Redacción y fotografía: Onésimo Samuel Hernández Gómez.

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