Fuerzas Nuevas de la tradición musical española

 El pasado viernes arrancaba la vigésimo sexta edición de La Mar de Músicas con un cartel excepcional. Una programación que, este año, rinde tributo a España y que acoge las más atractivas propuestas del panorama nacional, pero sobre todo que tiene en cuenta la revolución de las músicas tradicionales. Parece que, por fin, nos hemos dado cuenta de que en nuestra cultura y en nuestra identidad está el origen de algo que puede llegar muy lejos, y afortunadamente en España, identidades hay muchas y diversas y esto hace que nuestro panorama musical sea amplio y tremendamente rico. Sin duda, solo en España ya hay un mar de músicas.

Claro está que todo debe actualizarse para convivir en estos tiempos globalizados que nos ha tocado vivir. Realmente eso es lo que hace interesantes estos proyectos que están creciendo tanto en los últimos años. Propuestas que beben de la tradición para hacerse contemporáneas y llegar a un público más amplio porque, al fin y al cabo, esos sonidos nos son familiares y lo que en un momento habíamos sentido como rancio, ahora lo disfrutamos actualizado, gracias a la inquietud y la creatividad de esta nueva hornada de artistas que nos están haciendo disfrutar de uno de los momentos más interesantes de la historia de la música española.

El festival cartagenero programaba, en el nuevo escenario del Club de Regatas, su concierto inaugural en el que la protagonista sería Yarea. Una delicada y cuidada propuesta que servía de aperitivo, por aquello de la hora, a los conciertos que se programaban por la tarde. A las 8 de la tarde, Baiuca irrumpía en el escenario de la terraza del Batel para traernos con sus ritmos electrónicos toda la tradición de la música gallega, de punta a punta de la península, pero tan nuestro como suyo. Un concierto para el recuerdo que daba todo el sentido a la propuesta del festival.

Tras el subidón de la propuesta atlántica, llegaba al Patio del antiguo Cuartel de Instrucción de Marinería, un proyecto del que teníamos muchas ganas de disfrutar, tras una Semana Santa en la que el ‘Crîtto de lâ Nabahâ’ se había convertido en nuestra banda sonora procesional en bucle. La banda andaluza se presentaba en la Mar de Músicas con su propuesta crítica e irreverente. Con su folclore futurista, los Califato viajan por el flamenco, el rock, la electrónica, el punk, el reggae o el hip hop. Una mistura de músicas que sirven para reivindicar los problemas del pueblo, para hacer crítica política, para no perder el espíritu crítico que toda sociedad debería tener. Los ritmos por tangos, zambras, alegrías, bulerías, fandangos, sevillanas e incluso marchas procesionales sirven de base para todo esto, y con mucho acierto, porque de esta manera la palabra del Califa se difunde con más fuerza que nunca.

Escénicamente la intención quedaba clara The Gardener se presentaba sobre el escenario con la bandera del Sahara pera reivindicar la libertad de este pueblo injustamente maltratado, afortunadamente la música todavía sirve para este tipo de cosas, para afianzar posturas, para cuestionar asuntos como parecía indicar el maillot de Chaparro serigrafiado con signos de interrogación.

El concierto de los Califato presentaba todos sus grandes éxitos, que ya empiezan a ser muchos, porque la verdad es que sus discos son trabajos cargados de temas que pronto conectan con el subconsciente, al fin y al cabo, sus ritmos y melodías forman parte de nuestra cultura y eso produce un nexo común difícilmente quebrantable. Qué decir sobre la ‘Çambra der Huebê Çanto’, la ‘Bulería del aire acondiçionao’, cuyo título, por la subida de la factura de la luz, se actualiza como ‘Bulería del abanico prestao’ la ‘Alegríâ de la Alamea”, el ‘Fandangô de Carmen Porter’, ‘La bia en roça’ y por supuesto el ‘Crîtto de lâ Nabahâ’ con el que los Califato cerraban su espectacular concierto con un sonido rotundo y ensamblado a la perfección, que nos dejaba con ganas de más, pero las limitaciones de tiempo de los escenarios obligaban a cerrar el evento.

Subida veloz para llegar al auditorio, que este año estrena el nombre del fundador del festival, ‘Paco Martín’. Nos esperaba Fuerza Nueva, ese genial proyecto de los Planetas junto al Niño de Elche. Es cierto que ya había habido precedentes en el festival cartagenero, y en este mismo escenario, de esta propuesta. La primera vez, con el germen de todo este movimiento, el de Enrique Morente y Lagartija Nick en el año 2008 con la vuelta de Omega. Era inevitable acordarnos de aquel mítico concierto del que alguno de sus temas sería publicado posteriormente por el Maestro granaíno en su disco ‘+Flamenco’, y de aquel del año 2012 en el que los ‘Evangelistas’ ofrecían su visión de la obra de Morente con Soleá al cante. Pero era el momento de escuchar y de ver la evolución de todo aquello que se ha consolidado en el proyecto Fuerza Nueva. Y decimos ‘de ver’ porque la propuesta visual que ofrece Andrés Duque también es interesantísima enfatizando la temática de las piezas y fortaleciendo el climax producido por la música. Algo similar ocurría con la iluminación perfectamente compuesta para llevar al público por un mundo de sensaciones.

El concierto de Fuerza Nueva fue simplemente tremendo, rotundo, elegante, impecable, perfecto. Se demuestra así la perfecta evolución de lo propuesto por Morente y Lagartija, y esa evolución es la que lo hace brutalmente interesante. Una oda sonora en la que temas como ‘La Cruz’, ‘Santo Dios’, ‘La Canción de los Obreros de Seat´, la ‘Mariana’ villancicos como ‘Los Campanilleros’, se elevan a un estado espiritual sublime. Mención aparte para la revisión de esos dos himnos como son el de La Legión con la versión del ‘Novio de la Muerte’ y el ‘Gelem Gelem’ con esa majestuosa ‘Canción de los gitanos’ en el que podemos ver a la perfección esa “cara morena con los ojillos oscuros” que nos “gusta tanto como las uvas negras”. Insuperable.

El ensamble de Los Planetas con el Niño de Elche es impecable, la voz de Paco, los sonidos fluidos de guitarras y teclados y los ritmos rotundos de Eric Jiménez, hacen brotar en el alma un estado incorpóreo, inmaterial, una traslación que conduce a circunstancias emocionales elevadas a su máxima potencia. Todo para llevarnos al final de concierto en el que el Niño y el Jota ponen voz a ese ‘Romance de Juan Osuna’ de Rafael de León, Quintero y Quiroga que popularizase Manolo Caracol, llevándolo a su máxima expresión para alcanzar el éxtasis.

Nuevos tiempos, fuerzas nuevas de la tradición musical española…

Redacción: Onésimo Samuel Hernández Gómez.

Fotografía: Pablo Sánchez del Valle – Gabriel Maldonado.

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