Granada vibra con el estreno de FlamencoLorquiano en el Generalife

 Los Jardines del Generalife de Granada lucieron en todo su esplendor en la noche del jueves 19 de julio para el estreno de FlamencoLorquiano, obra en la que el Ballet Flamenco de Andalucía, con Árcangel como artista invitado, realiza un paseo en clave flamenca por el imaginario de Federico García Lorca.

El programa Lorca y Granada en los Jardines del Generalife fue creado por la Consejería de Cultura andaluza en 2002 con el doble objetivo de rememorar anualmente al universal poeta granadino y de llenar el vacío escénico de Granada tras la conclusión del Festival Internacional de Música y Danza.

Durante las casi dos horas de obra, dirigida por Rafael Esteve y Valeriano Paños, el excelente grupo de músicos, las bailaoras y bailaores mantienen al público en vilo con su baile, ora apegado a la tradición ora vanguardista. El mundo de Lorca está presente a través de su poesía, de su palabra, palabra que duele y alegra, que vive o muere a través de los cuerpos de los componentes del Ballet Flamenco de Andalucía.

Comenzaron por el Lorca despreocupado, jovial y lleno de energía quien firmó la sentencia: «Me parece que lo flamenco es la creación más gigantesca del pueblo español«. Ahí empieza todo. Soleá, media granaína, granaína y fandango recordando textos de Doña Rosita la Soltera para a continuación desgranar sones de Asturias, sevillanas corraleras, sevillanas del S.XIX o Los cuatro muleros, evocando sus Cantares populares y Anaglifos.

«De los cuatro muleros,
que van al campo,
el de la mula torda,
moreno y alto.

De los cuatro muleros,
que van al agua,
el de la mula torda,
me roba el alma.

De los cuatro muleros,
que van al río,
el de la mula torda,
es mi marío.

A qué buscas la lumbre
la calle arriba
si de tu cara sale
la brasa viva».

La esencia de otro artista ya eterno se paseó por los Jardines del Generalife. Arcángel, quien llenó de personalidad la obra, recordó a Enrique Morente, ese Morente que musicó Poeta en Nueva York y el lamento lorquiano. Cádiz y su duende recorrieron a continuación el espacio escénico granadino a través de la música de Bach y alegrías de la tacita de plata que desgranó, lleno de gracia, el cuerpo femenino del ballet andaluz en este FlamencoLorquiano.

Solemnidad. De la jondura a la muerte. Rondeña, fandangos de Huelva y tangos con ecos a Manuel Torre y textos del Romancero gitano con el romance Muerte de Antoñito el Camborio. Plasticidad y drama, escorzos imposibles, en el baile, esta vez, en la vertiente masculina del ballet. De ahí al luto y al nacimiento en las tablas de la virgen, de puro blanco, llena de vida y esperanza a un pueblo oprimido y necesitado que clamó su pena por seguiriyas con letras de Poema del Cante Jondo. Surrealismo frente a realidad.

Sudamérica el siguiente hito lorquiano, que continuamente estaba sin estar. Una parada llena de sensualidad y gozo, de aperturismo, de alegría. Vidalita y guajiras que dieron paso al mundo árabe y sus sones. Más mezcla y más razas, todas las que vivió Federico como suyas: «Yo creo que el  ser de Granada me inclina a la simpática comprensión de los perseguidos. Del negro, del gitano, del judío, del morisco que todos llevamos dentro«.

«La leyenda del tiempo» en la voz laína de Arcángel redondeó la noche, una noche donde se paró el tiempo, o quizá retrocedió, y Granada vibró con este FlamencoLorquiano, recordando al más grande de sus vecinos, al más libre de nuestros poetas.

Redacción: Gabriel Maldonado.

Fotografía: Pepe Torres.

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