Flamenco en peligro de extinción

 El pasado sábado 1 de febrero tuvo lugar la primera gala del año en la Peña Cultural Flamenca Ciudad del Sol, con el cantaor Antonio Ayala “El Rampa y el guitarrista Rodrigo Félix, a cargo de inaugurar el nuevo curso de una de las Peñas con más solera del sureste de la Península.

Comenzó la velada con la presentación del anfitrión Luis Terry, que ejerció como maestro de ceremonias con su desparpajo habitual, haciendo un excelso recorrido por la trayectoria del Rampa; Lámpara Minera, Melón de Oro, Abanico Flamenco y Sol de Oro (en la Peña a la que volvía más de diez años después), entre otros muchos galardones, para a continuación alabar la figura del joven guitarrista murciano Rodrigo Félix.

En una clara declaración de intenciones se templó la sonanta por soleá y Antonio se acordó de Frijones al estilo de la Casa de los Moneo, Joaquín el de la Paulala Andonda y Joaniquín, rematando magistralmente de nuevo por Alcalá y ello con la correctísima guitarra del joven Rodrigo, sobria y elegante, siempre al servicio del cante ¡y qué cante! 

El panorama flamenco actual está muy necesitado de figuras como el Rampa, el cante sin tapujos, sin “ojana”, demostrando un amplísimo conocimiento de lo jondo, pues Antonio es una enciclopedia abierta a disposición de sus seguidores, los cuales abarrotaron la Peña Flamenca de Lorca, en busca de la esencia de este arte, del cante de un flamenco en peligro de extinción.

La soleá dio paso a unos fandangos “abandolaos” homenaje a Cayetano Muriel, en los que el Rampa se encuentra especialmente a gusto (Dolores la de la Huerta, Rafael Rivas,  Fandango Cartagenero y el personal de Cayetano) que desataron los oles de un público conformado por grandes aficionados locales y de todo el levante español.

“To” el que diga que no siente, dolor en el corazón, es que corazón no tiene pa” poder sentir el dolor”. 

Con esta letra que grabara el genio plazuelero “El Torta” con la guitarra de Moraito en 1999 en su disco “Luna Mora comenzaron unos tientos gaditanos “aseguiriyaos” cargados del dolor y el sentimiento que imprime el Rampa a cada una de sus letras y que culminó con unos tangos con mucho soniquete, acordándose de Pastora Pavón, los gitanos de Linares, Lebrija y Antonio el Chaqueta  que dieron paso a unos fandangos naturales llenos de fuerza, entrega y jondura, que el público agradeció, terminando brillantemente la primera parte del recital.

En el descanso muchos aficionados comentaban el gran descubrimiento que habían hecho con la figura de Rodrigo, y otros que llevaban tiempo sin escuchar al maestro cartagenero, se asombraban de como el paso de los años no le ha hecho perder facultades sino todo lo contrario, “¡el Rampa está mejor que nunca!”.

El flamencólogo alicantino Paco García, directivo de la peña lorquina, muy satisfecho con la primera mitad de la velada, cogió el micrófono repasando los cantes y ensalzando la figura de los dos protagonistas de la noche. Querían abrir el año a lo grande con una figura de la zona, y el Rampa siempre es una apuesta segura.

Entre aplausos, volvieron los artistas al escenario con la Vidalita-Milonga, que grabara el Rampa en 2002 en su disco “Desolación de la quimera“, dedicada al poeta sevillano Luis Cernuda, poema con adaptación de Antonio Parra, director de la Cumbre Flamenca de Murcia, para a continuación dar paso al Levante, a los cantes de nuestra tierra, abriendo de nuevo el Rampa su enciclopedia  flamenca por las páginas de cante de madrugá, murciana, Taranta “afandangada” de la calzá, y fandango minero, alternando lo clásico con lo personal, haciendo gala de su sello propio pero sin salirse nunca de las formas más tradicionales en estos “cantes del extrarradio de la mina” como los tilda el propio Antonio, pues ninguna letra hizo referencia a la minería.

Con el respetable en el bolsillo y tras la profundidad de los cantes de la tierra, paseamos por Cádiz y Utrera por Cantiñas, deteniéndonos en Sanlucar, pero no por manzanilla, sino por rosas, al estilo del maestro Juan Peña, con un genial Rodrigo, siempre al servicio del cante, sin ninguna intención de destacar, con falsetas cortitas y cargadas de flamencura, algo poco común entre los jóvenes guitarristas, demostrado que además de un gran tocaor es un grandísimo aficionado al cante, algo imprescindible para un guitarrista de acompañamiento.

¡El guitarrista es manco! jaleaba un aficionado local tras una falseta del murciano, a lo que el Rampa sonreía orgulloso de su pupilo, augurándole un gran futuro como guitarrista, a lo que el público respondió con una gran ovación.

Seguía el respetable con el gusto a sal de las cantiñas, cuando llegó el que para muchos fue el gran momento de la noche, la sangre, donde el Rampa cantó por siguiriyas trasportándonos cien años atrás, demostrando una gran complicidad con su guitarrista, comenzando a golpearnos  con el estilo de Manuel Molina, pero muy cortito y “agujetero” para apuñalarnos con Paco la Luz, matarnos con el Marrurro y terminarnos de rematar con la cabal del Fillo,  estremeciendo al público que se deshizo en aplausos, algo poco común en estos cantes.

Para culminar, un grupo de aficionados subió por petición del Rampa a hacerle compás por bulerías de Jerez, acordándose el cartagenero de Tío Borrico y el Chozas entre otros, para dar por finalizada la actuación que prosiguió con un fin de fiesta por petición expresa de Luis Terry, que puso su granito de arena con una pataita de mucho arte, poniendo el broche de oro a una noche mágica, que quedará para el recuerdo de los asistentes.

 

Redacción: Rafael Ros.

Fotografía: Ángel Ronda.

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