Fervor y fiebre flamenca en la "Cumbre"

Lo del viernes 11 de febrero en el Teatro Circo de Murcia me trasladó a lo que, salvando las distancias, pudiera ser un recital del genio Camarón de la Isla junto al Tomate. Y no me refiero a nivel artístico imposible de igualar, e incluso acercarse. Hablo de fervor popular e ilusión, de sonrisas y ganas, de algo intangible que sentimos los que anduvimos por los alrededores del coqueto teatro murciano para abrir el segundo fin de semana de la 29ª edición de la Cumbre Flamenca Murcia escuchando a Israel Fernández y Diego del Morao, la pareja flamenca del momento.

Con su look retro ochentero, traje de chaqueta cruzada grisácea y camisa de ¿raso? roja, emergió de la oscuridad de los bastidores el nuevo ídolo flamenco. ¿Vendría a Murcia en un Mercedes 300D blanco? Monumental aplauso y al lío que la noche prometía. Arrancó por Levante, acordándose de los tempranos y el reino de Almería, de Cartagena y Murcia, de los arrieros, de La Unión y Totana. Tras el guiño a la tierra nos llevó por soleá, la del cariño, de su trabajo «Amor» que remató por Frijones: «Yo me quito mi camisita / y la tiro en tu corral / a ver si viéndome en cueros / me tomas más voluntad».

Continuó Israel por tientos tangos, «La amada»: «Veinticuatro horas al día / si tuviera veintisiete tres horas más te querría». El Teatro Circo mantenía su delirio y la voluntad de disfrutar a la vera de una pareja que, si se lo propone, tiene visos de hacer historia en este negocio del flamenco: Israel y Diego, Diego e Israel. Jugaban, sonreían, la gozaban y se retaban en cada tercio, en cada falseta. Se excedía Diego de virtuosismo, un virtuosismo que encendía al público para a continuación rebuscarse Israel en su cante en una suerte de batalla gladiatoria flamenca.

Seguiriyas para detener y arrebatar el tiempo, para dolerse acordándose de Agujetas: «Tengo yo en mi pecho hincao un clavo». Murcia continuaba enfervorizada aunque al que suscribe estas palabras le faltó fuerza y sangre, quizá por la lejanía al escenario o por ese ambiente festivo que me mantuvo en ocasiones fuera del recital. A la juventud, responsable en gran número del «sold out» de la noche, dedicó su cante por bulerías mientras del patio de butacas emergía un potente: «¡El número uno!». Podría serlo. Lo es en lo mediático y, sin duda, es un pedazo de cantaor en plena evolución. Bulerías, que decíamos: «Yo no sé por qué unos tienen pozo y otros tiene sed» y recuerdo a La Niña de los Peines y su «Maja aristocrática»: «Viva Lucía/ Reina de la alegría / alma y vida daría / yo por ti / Con la mantilla / Tú eres la maravilla / y la sal de Sevilla / y de Madrid». Bonito, Israel.

Fandangos a su aire para culminar una noche llena de expectativas en este nuevo paladín flamenco. Es Israel Fernández la esperanza de los que buscan al nuevo Camarón de la Isla y perpetuar un camino del cante muy definido, no el único, y con un público muy fiel. Ovación, retirada del escenario, vuelta y un breve bis, también por fandangos. La tercera gala de la Cumbre Flamenca Murcia culminaba con la misma energía que comenzó y nosotros, los que como Israel y Diego, también curramos, fuimos a convidarnos y celebrar esto tan bonito llamado vida. Nuestra vida flamenca. Sin el chándal del Madrid, por supuesto.

Redacción: Gabriel Maldonado Rufete.

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