Explosión flamenca

 El flamenco, que en Pamplona está “On Fire“, alcanzó niveles caloríficos cercanos a la fisión nuclear (RAE, 1. f. Fís. Rotura del núcleo de un átomo pesado, generalmente de uranio, mediante el bombardeo con neutrones, que produce una liberación de energía) con el concierto que José Mercé y Tomatito, Tomatito y José Mercé ofrecieron en la noche del jueves 22 de agosto en el Baluarte de la capital navarra. Unieron, estos dos astros del universo flamenco, sus voluntades, el corazón y el vasto conocimiento que atesoran en una noche de enjundia.

El jerezano abrió la velada jondo y profundo, con una ronda por tonás a palo seco haciendo un guiño a la ortodoxia flamenca. Tras este arrebatador comienzo, Tomatito y su cuadro recordaron a Camarón de la Isla con una frenética “Leyenda del tiempo” que encogió y pellizcó. Dejaron ambos ya claro, desde el primer quejío, la primera falseta, la inmensidad de su arte, su dimensión.

Juntos, continuaron andando por malagueñas, la del Mellizo, en la que la voz de Mercé se retorcía de dolor rebuscándose en sus adentros bajo la mirada y el roce del toque del almeriense. El impresionante espacio escénico del Baluarte se encogió por soleá al abrigo de los soníos negros de Mercé acordándose de Juan Talega, Tío Borrico o Juanito Mojama. Por seguiriyas, en memoria de su hijo Curro y con su cante pesaroso y acongojado finalizó esta primera parte amarrada a la tradición.

La balada Two much de Spain, que Tomatito grabara con Michel Camilo y en el que estuvo acompañado por su hijo, José del Tomate, supuso el comienzo de un soberbio paseo a la vera del tocaor que por momentos era la brisa de la mañana, un volcán en erupción con “La Vacilona“, para eclosionar en frenesí colectivo por bulerías con la percusión de un Pirañaon fire“. Gloria, gusto, salvajismo. José del Tomate remató en solitario por zambra antes que comenzara el último tercio del espectáculo en el que fueron presentando su nuevo trabajo “De verdad“.

Y esa verdad, sin llegar a ser amarga, tuvo luces y sombras. Luces, las propias, las de los faros de Mercé y Tomate, esas de las que ya tanto se ha escrito y elogiado. Sombras, las inherentes a un trabajo a medio rodar y en el que el exceso de potencia se pudiera convertir en debilidad. Mera anécdota que el tiempo irá matizando. Zambra a Lola Flores, la bulería “Buscando la verdad“, tangos “Mundo de paz“, la soleá por bulerías “Perdura la verdad“, la rumba “Jerez“, la bulería “María” y alegrías supusieron las paradas junto al enorme grupo de músicos que los acompañaron.

Pamplona no quería que la noche acabase y en pie pidió una y otra vez la presencia de sus faros en las tablas del Baluarte. Aire, Al alba y una pataita por bulerías, con el cante del maestro a pelo, supusieron el remate de una noche de explosión flamenca.

El Hotel Tres Reyes cogió el testigo en la interminable jornada del Flamenco On Fire y con él, en el Ciclo Nocturno, llegó la actuación de Juan de Juan quien ofreció una exhibición con su baile; ora enérgico e impetuoso, ora contenido y con mesura, al público que abarrotó la sala pamplonica. El flamenco se desbordó entonces y la madrugada fue un ir y venir de voces rotas, quejíos, compás…de Flamenco On Fire.

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