Elogio de una matriarca flamenca

 La Cumbre Flamenca de Murcia lució cartel con la actuación de Mayte Martin y Alejandro Hurtado en la noche del viernes en el Teatro Circo de Murcia. Entre la parquedad y la elegancia, la belleza y la concisión, sin ostentaciones, sin estridencias, sin alardes. Y ni falta que hace. Una voz y una guitarra que titilaban sobre el escenario sin más atavíos que una chaqueta y una camiseta negra y que, sin embargo, pueden provocar toda una convulsión interior en sensibilidad.

La antimarketing“, como la definía el mismo director de la Cumbre, Antonio Parra, y ratificada por la propia Mayte, recibió el distintivo que la acredita como “Patriarca flamenco” (sic).

Mayte y Alejandro rubricaron un recital cargado de luz y naturalidad, un recorrido por el cante flamenco que comenzó con un par de cantes por granaínas, acordándose de Chacón. Se entretuvo Mayte entre las rosas y el oro y marfil para rematar por peteneras, piezas cargadas de armonía y lirismo que brindaron a Alejandro Hurtado la oportunidad de convertir las cuerdas y la madera de su guitarra en elementos catalizadores de las emociones.

Prosiguieron por tientos:

Dejadme llorar
porque a mi cuerpo fatiguitas tengo
mi niño Enrique el chiquito
de fatiguita se está muriendo

y tangos:

“Tu chimenea esta triste
porque no tiene fuego
si te hace falta leña
prima yo te la llevo

Continuaron por soleá y dieron nota de color con un viaje de ida y vuelta por milonga, colombiana de Valderrama y guajira. Un poco por alegrías y abandonaron el teatro por bulerías, rompiendo por momentos el dique de la mesura y la templanza sin abandonar la densa finura que rezuma Mayte Martin.

Una artista que reniega de etiquetas, que busca la complacencia de su público y va marcando el camino de un nuevo señorío matriarcal.

 

Redacción: Ibán Hernández Sánchez

Fotografía: Gabriel Maldonado

 

 

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