El festival de los espigadores

El Flamenco on Fire, a pesar de su corta existencia, se está convirtiendo en un festival de referencia en el mundo del flamenco. Un programa variado con propuestas para todos los públicos y la realización de espectáculos gratuitos por distintos rincones de la ciudad, hacen que aficionados flamencos de todas las partes del país se acerquen a Pamplona para disfrutar del arte. Pero si algo tiene de singular esta cita es que la organización del evento está volviendo a conseguir esa convivencia entre artistas, que tanto anhelan muchos con los que hemos hablado. En esta edición, debido a las restricciones por el Covid, no hemos podido disfrutar de esos trasnoches en el Hotel Tres Reyes, de los que tantas veces me hablaron compañeros, en los que la fiesta estaba asegurada. Sin embargo, la idea existencial del festival ha intentado mantenerse. Con inteligencia, los programadores confeccionan un programa que en muchos casos “obliga” a los artistas a permanecer varios días en la capital navarra y convivir con el resto. Así, como eje vertebrador del cartel se programan a grandes figuras del flamenco y para el resto de espectáculos se planifican actuaciones de artistas que forman parte del elenco de esas figuras.

Reflexionando un poco sobre el tema, me viene a la mente aquel maravilloso documental de Agnès Varda, titulado Los espigadores y la espigadora. En él se narra la historia de personas que aprovechan lo que otros desechan, actualizando el término espigador que se refería a aquel que recoge los granos de trigo que quedaban después de la cosecha, es decir el aprovechamiento llevado a la máxima expresión. El flamenco actual está viviendo una época dorada y es enorme el talento que muchos cantaores y cantaoras, guitarristas y bailaores y bailaoras atesoran, pero lamentablemente no suelen tener cabida en los carteles de los grandes festivales. El festival navarro como si de un espigador se tratase, aprovecha al máximo esos enormes artistas que acompañan a las figuras y los hace coprotagonistas del evento. Así que, si Jesús Guerrero y El Londro vienen en el cuadro de Miguel Poveda, pues los programan en una matinal flamenca. Si Rafael de Utrera o María Vizárraga acompañan a Vicente Amigo o a Farruquito, les dan su importancia en el Palacio Condestable o en la Plazuela de San Juan respectivamente. Y como la calidad que atesoran estos músicos es tremenda, pues desde estas páginas queremos darles el espacio que se merecen. De estos dos últimos será de los que hablaremos en esta ocasión, ya que como como les comentábamos en crónicas anteriores, no pudimos llegar a tiempo para disfrutar del Londro y Jesús Guerrero en Tudela.

Rafael de Utrera se presentaba la tarde del viernes en el Civivox Condestable acompañado de la siempre enriquecedora guitarra del Perla. Gesto que enfatizaba el concepto del festival espigador, ya que el sevillano había acompañado a Remedios Amaya en el balcón del ayuntamiento, en otro hito de la programación basado en el aprovechamiento, ya que recordemos que la Tía Remedios había sido la artista invitada en el espectáculo que Farruquito presentaba en el Baluarte.

Pero yendo a lo que vamos, por soleá comenzaba su recital el de Utrera, con aquella letra que hiciera célebre el TenazasComo el correo de Vélez / se atrancaron las mulillas / se me perdieron los papeles” y continuaba con aquellos versos que grabase Camarón titulados “El espejo en que te miras”: “Si tu mal no tiene cura / yo le estoy pidiendo a Dios / que en la misma sepultura / nos entierren a los dos” tras una larga tanda, Rafael cerraba con esa bonita letra de Fernando Villalón que dice “Ya mis cabestros pasaron / por el puente de Triana, / seis toros negros en medio / y mi novia en la ventana”, con la que arañaba los primeros oles del público.

Continuaba el recital con la taranta de la Gabriela que enlazaba sutilmente con los versos de la Tarara. Ante la ovación recibida, el cantaor de Utrera bromeaba “Como sigáis así, me voy a tener que empadronar aquí”. La sonanta del Perla apuntaba a Cádiz en ese momento, los aires de las cantiñas resonaban en el Condestable y Rafael llevaba a tierras navarras toda la sal de la Caleta con esos versos que Camarón grabase “El barquito de vapor / está hecho con la idea / que en echándole carbón / navegue contra marea”, para continuar dándonos un paseíto por la Muralla Real y deleitarnos posteriormente con las cantiñas del Pinini y las alegrías de Córdoba.

Se ponía en pie Rafael de Utrera para entonar una toná “Por el aire que trae / quien lo diría / que ese barquito / viene con avería / Quién se ha dejao / el lienzo de los mares / pintorreao” que precedían a las seguiriyas perfectamente empastadas con el sobresaliente toque de El Perla, cuyas falsetas eran aplaudidas por el respetable. Se acordaban de Tomás Pavón – “A clavito y canela / me hueles tú a mí / la que no huele a clavo / no sabe distinguir” – y de Chocolate – “Por aquella ventana / al campo salía / voces le daba yo a mi mamaíta / y no me respondía” – y concluían de manera mágica con el cante por cabales.

Lección de buen hacer de Rafael de Utrera, que continuaba su recital interpretando la caña de Chacón, recordando en ciertos pasajes a Rafael el Gallina, para rematarla con el polo característico. Sin duda se encontraban a gusto el de Utrera y El Perla, que seguían deleitando a los asistentes por bulerías comenzando con esos preciosos versos de Juan Ramón Jiménez, que musicasen en su momento Lole y Manuel, “Nacía, gris, la luna, y Beethoven lloraba / bajo la mano blanca, en el piano de ella… / En la estancia sin luz, ella, mientras tocaba, / morena de la luna, parecía más bella”. Belleza pura que continuaba con la copla “Señorita”: “Lleva ya casi un siglo / con un nombre en la boca/ y jamás lo pronuncia / delante de la gente. / Es el nombre de un hombre / que bordó como loca / en sábanas de hilo / apasionadamente”. Y de nuevo Lole y Manuel con una variación de “Todo es de color” para pasear con varias letras por el mundo del caballo y finalizar el tercio regresando a la copla con esa maravillosa composición de Rafael de León y Manuel QuirogaTe he de querer mientras viva”, demostrando toda su amplitud de registros y buen gusto, poniendo en pie al público asistente. Así finalizaba el recital de Rafael de Utrera, con un éxito rotundo y con ganas de seguir escuchándolo en grandes escenarios.

Al día siguiente, al mediodía, en la Plazuela de San Juan teníamos la oportunidad de ver a María Vizárraga y Antonio Santiago Ñoño. Ambos habían acompañado en la noche del jueves magistralmente al bailaor Farruquito. La Vizárraga se había vaciado literalmente en las tablas del Baluarte, había derramado toda su esencia y su jondura y había entusiasmado a los espectadores con su prodigiosa voz. Estábamos deseosos de verla de nuevo para disfrutarla a’ lante.

Comenzó su recital por tientos templados y profundos para continuar por rítmicos tangos que nos retrotraían a las grandes voces del pasado “Anoche vi a Camarón cantar en la boda / hizo unos tangos de María la Majora”. Continuaba la de las Tresmil acordándose de la que la noche anterior había sido artista invitada y compañera de tablas, la Tía Remedios, “Que me ha dejao de herencia / Que me ha dejao mi Papa / Un candelillo, una mecha / Ay, ay, ay que alegría / sueño con él noche y día / y por veinte reales / vendo mi candelillo / que es de mi pare” o “Si quieres venir tú vente / tú vente / tú vente / y si no dime que me vaya / y si no me des la puerta / la puerta, la puerta / y como un cántaro de agua”.

Mucho tenían también esos tangos de Juana la del Revuelo a la que homenajeaba la Vizárraga con sus letras “A la orilla de un río / Yo estoy lavando / y al compás del agua / canto mis tangos” o “¿Qué tiene el agua? / ¿Qué tiene el río? / No sé qué tiene tu cara / Que a mí me quita el sentío”, El revuelo estaba ‘formao’ y la sevillana seguía interpretando esas letras que nos llevaban a la esencia del cante “Andando por los caminos / yo voy con mi caravana / buscando agua del río / para lavarnos la cara” y terminar acelerando el compás para rematar con el célebre estribillo “Tender, tender / Lavar, lavar / Tender la ropa / en el retamar”.

El compás de bulerías empezaba a sonar en la plazuela. “No sé lo que tiene el cante / por bulerías de mi Jerez / que brilla como un diamante / desde la zambra hasta Moguer / ¡Qué tiene mi bulería! / Que cuando vuela el compás / la noche se vuelve día / y hasta mi silla se echa a bailar”. Lanzando su metal al aire la Vizárraga se acordaba de la poesía del “Balcón” de Federico García Lorca y llevaba sus letras a Sevilla para ensalzar la belleza de la ciudad del Guadalquivir con todo el aire de la familia MontoyaLa Giralda si se casa / se casará en primavera / con un velillo de nubes / ciñéndole las caderas”. Continuaba acordándose de la tradición con ese cante de las gitanas de UtreraA Santa María un ramo / de la boquita de mi mama Encarna / azuquita, canela y clavo”, para cerrar el tercio con su voz ya casi quebrada y cantarle al desamorRecuerdo tus palabras falsas de amor / palabras que dañaron mi corazón / y tú pagarás el daño / tú también vas a sufrir / y yo me reiré de ti / Yo tengo mi sonrisa de cristal / Mis ojos ya dejaron de llorar / y tú pagarás el daño / tú también vas a sufrir”

Se levantaba María Vizárraga de la silla y el Ñoño bajaba los decibelios de su toque para dejar escuchar la voz de la sevillana, que ofrecía su cante por bulerías a capela en la plazuela. No se puede tener más poderío, a pesar de haberlo dado todo, la noche anterior, María se atrevía a cantarle al viento, a cantarle al mundo. Posiblemente no fue el mejor recital de la de las Tres mil viviendas, ¡pero que gusto da escuchar el cante sin corsés, a corazón abierto, sin miedo a nada! Y así fue esa fría mañana.

Sin duda, otro de los signos distintivos del festival navarro es la inclusión en su programa de artistas locales, con la clara intención de difundir la música de los suyos, y por qué no, también de fomentar la creación autóctona. Eso sí, siempre en programas dobles acompañados de artistas con más renombrenpara asegurar el éxito de público. El escenario escogido para estos recitales era la plazuela, junto a la Catedral de Pamplona, y la hora, la una del mediodía.

El viernes, el guitarrista Pedro Planillo, era el primero en subirse al escenario para ofrecer al público acordes de su guitarra versionando aquel célebre bolero escrito por el panameño Carlos Eleta que lleva por título Historia de un amor. Se subían entonces a las tablas Juan Ramírez y Rico Muñoz para poner compás a las alegrías compuestas por Planillo, tituladas A mi hermano. Finalmente, se sumaban a la mañana los vientos de Felipe Suárez para continuar el recital por rumbas y concluir con una delicada versión, concretamente de la obra compuesta por José María Cano para Mecano, Hijo de la luna.

El sábado, la guitarra continuaba siendo protagonista de este miniciclo navarro, el artista elegido era Jesús Carbonell que, en una mañana ventosa, ofrecía a los asistentes su toque por tarantas, soleares, rondeñas y bulerías, acordándose de sus maestros en la distancia, Sabicas, Paco de Lucía y Jerónimo Maya.

El domingo, era el turno del cantaor Jolis Muñoz, que nos traía a tierras navarras los aires de levante, acompañado por la guitarra de Jesús del Rosario. Tras el taranto, Lucky Losada tomaba las riendas con su cajón y se subían al escenario, una vez más, Juan Ramírez y Rico Muñoz para acompañar con sus palmas las siguientes interpretaciones de Jolis, por tangos y bulerías, con las que concluía el recital.

Algo de espigadora también tuvo esa actuación, ya que el percusionista que acompañaba a los anteriores también formaba parte del tremendo cuadro de baile de Carmen La Talegona. Además de Lucky Losada, la guitarra de Iván Losada y el maravilloso cante de Roberto Lorente y Juan José Amador El Perre formaban la compañía de la bailaora cordobesa, que ofrecía unas bellas pinceladas por bulerías por soleá con el Romance del Amargo, además de elegantes tangos y bulerías, con las que concluía la mañana y el ciclo programado en la Plazuela de San Juan.

Como pudimos comprobar in situ, el concepto del festival espigador, hace que los espectadores puedan disfrutar de ese grano tan valioso y delicioso, que en otros lugares no tiene protagonismo. Ojalá tomen ejemplo otros.

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