Cartagena es flamenca

Después del parón navideño, volvía el flamenco a la peña, y volvía con uno de los platos fuertes de nuestro V CICLO CARTAGENA JONDA. Difícil papel tenía Carmen González en Cartagena, en primer lugar por la expectativa levantada, y segundo por el éxito cosechado recientemente por su compañera La Lupi, actuación que teníamos en la retina, y cuyo nivel iba a ser muy difícil de igualar en cuanto a calidad artística y sobre todo en cuanto a transmisión.

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Como decía José Losada Santiago, “Carrete de Málaga”, uno de los maestros de la joven bailaora, y cuyas palabras recordó la  protagonista de la noche en una reciente entrevista  “el flamenco es algo natural; el que canta, canta con el estómago; el que baila, baila con el corazón”. En las tablas del Mare Nostrum, aún calientes del poderío de La Lupi,  pudimos comprobar que Carmen González, sigue a pies juntillas las palabras de su maestro, y si se ha se ha hecho con un hueco entre los grandes del flamenco actual, es por méritos propios,  con su baile espontaneo y apasionado, a la vez que sensual y elegante,  pero sobre todo flamenco y de corazón.

Si Carmen es corazón, David Sánchezel Galli de Morón”, es como dice el Carrete, estómago, porque canta con las entrañas, llevando los cantes a su terreno dándole a todos un aire personalísimo,  pues el Galli pese a su corta edad es todo un maestro, lleva rulando en esto desde muy niño, es un enamorado del cante y eso se nota. Si a esto le sumamos la estrecha relación que le une a la peña, en la que se encuentra como en su casa, podéis haceros una idea de la noche que nos brindó el cantaor, llevando en todo momento el peso de la actuación, acompañado del  extraordinario guitarrista sevillano Paco Iglesias, de la saga de Melchor de Marchena.

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Comenzó el guitarrista de las tres mil solo en el escenario, con una malagueña muy personal que terminó por verdiales bajo la atenta mirada de Antonio Piñana, que no le quitó ojo en toda la noche. ¡Algo tendría este gitano!. Subió “el Galli” calentando por alegrías que empezó con la letra “Pueblos de la tierra mía” del Chino de Málaga que popularizó su amigo Camarón de la Isla, para continuar con cantiñas de su tierra, acordándose del Pinini y del susto que le dio la cucaracha, volviendo a estilos de Cádiz, todo ello a su forma y a su sentir, con una medida exquisita.

Con un flamenquísimo vestido lila con lunares blancos, se plantó en el escenario Carmen, bailando por taranto, sin duda un guiño a la tierra, con un Galli pletórico, acordándose de Manuel Torre, de las anclas y las gorras, a las que tanto ha cantado el maestro Piñana, pero con aires muy distintos y personales, recordándome al que le dio Ramón el Portugués en sus comienzos, en aquel antiguo disco de Fontana que tengo rallado de tanto escuchar, para terminar por tangos, en los que se acordó de Málaga la bella, protagonista del Ciclo,  tierra del Piyayo, de la Repompa y de la entregadísima Carmen, que se fue a descansar con una merecidísima ovación.

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En el parón de la malagueña emergió la figura del Galli, en uno de los momentos de la noche, regalándonos “el pregón de los caramelos” de Gabriel Macandé, el loco que conmovió el flamenco, ligándolo con seguiriyas en las que se acordó de su Juaniquín, de su Perrate y del jerezano Manuel Torre. Con un estupendo sabor de boca, nos íbamos al descanso, con la sensación de que, por esa seguiriya, merecía la pena la noche, volviendo a los pocos minutos el cuadro al completo para echar el resto.

De negro luto lucía el vestío de Carmen, por soleá de Alcalá y Cádiz, y hasta se recordó por parte del de Morón  (según referencia del propio Galli) a María Santiago, la madre del maestro Sebastián Heredia, “Cancanilla de Málaga”, otro gran amigo de la Peña. Como no podía ser de otra forma, la soleá dio paso a la bulería en la que el Galli hizo gala de su tierra y sabiduría, y Carmen de su compás, fuerza y poderío, escudados por la siempre correctísima guitarra de Paco.

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Como viene siendo costumbre,  los socios (cuyo número sube como la espuma) y amigos que abarrotaron el Mare Nostrum, se mostraron calientes y entregados, agradeciendo el buen hacer,   la entrega y la generosidad de los artistas, los cuales respondieron a este calor regalándonos un fin de fiesta en el que compartieron escenario con varios de los nuestros, que demostraron que Cartagena es flamenca.

Así subieron los tres flamencos más jóvenes de la Peña, de 12, 13 y 14 años, Julio Martínez,  María Gómez María MateoLa Pastora”, marcándose el primero un fandango camaronero que dio paso a la reina de las fiestas, la Bulería.  Turno para Jesús Contrerasel Brío “ hijo del genial cantaor gitano “El Bongui”, Lámpara Minera y uno de los baluartes del cante de nuestra tierra, siendo además la primera persona por la que preguntó el Galli en Cartagena, porque el tio Bongui se hace “de querer”.

Al cante del Brío, con las palmas y jaleos de su compadre Miguel Santiago, María Gomez, Julio, Carmen, Galli… respondió con una pataita la joven “Pastora”  ovacionada por la Peña, ¡qué flamenca es esta niña!.  Enseguida se arrancó el cantaor Agustín Garnés, para dar paso al Galli que remató por fiesta con el baile de la Pastora y Carmen González, todo ello con el público volcado, como no podía ser de otra forma.

Noche mágica, para el recuerdo de todos los asistentes, o como me dijo el maestro Antonio Piñana al finalizar la actuación “Rafalito, esta noche orejas y rabo”.

Redacción: Rafael Ros.

Fotografía: Ángel Ronda Cayuela.

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