Argentina derrocha poderío en el Teatro Romea

Feb
06
 Vibraron las tablas Teatro Romea y vibró Murcia en la noche del pasado jueves con el recital que Argentina ofreció en la presentación de Sinergia su cuarto y último trabajo en el que estuvo acompañada por el duende. Un duende que embriagó al respetable durante las dos, intensas, horas y media en las que la onubense regaló a Murcia su particular viaje por el cante y con el que la artista se coloca indiscutiblemente como una de las grandes voces del actual panorama flamenco. Anduvo en este bonito paseo arropada y llevada a los altares por las flamenquísimas guitarras de José Quevedo “El Bolita” y Jesús Guerrero, la percusión de Vicente Peña y las palmas de Oruco y Torombo. Un lujo ¿Un lujo dije? Lujazo el suyo.

Comenzó la noche con una intro por Bulería, El callejón del agua, toda una declaración de intenciones de la cantaora y un adelanto de lo que, a lo largo de nuestro apasionado viaje juntos, iba a acontecer en la fría noche murciana. Por Garrotín, cante que vivió su apogeo en las dos primeras décadas del S.XX y que la bailaora catalana Carmen Amaya recuperara en los años 70, fue su siguiente parada. Continuó por Serrana el lamento de su cante.

 Cuando sale la Aurora, 
sale llorando, 
pobresita que noche, 
pobresita que noche está pasando, 
de día se divierte, de noche llora

En un guiño a la tierra hicimos una parada por Cantes de Levante, Murciana y Taranta de Linares. Solemne Argentina y enorme Jesús Guerrero al toque por los cantes levantinos.

De menos a más fue la cantaora en su recital. Conforme fue pasando la noche, adquirió su voz más poderío, ese del que anda sobrada. En vivas candelas una Bulería por Soleá, por Malagueña y Abandolaos, sentidos y con pellizco fueron los siguientes palos con los que cameló al público. Con la arrebatada copla aflamencada María de las Mercedes a compás de Bulería y con una Argentina inmensa se cerró la primera parte del espectáculo. Merecido descanso el suyo. Pero no nos dejó solos. José Quevedo “El Bolita” dejó volar la magia en las cuerdas de su sonanta. Maestría lo suyo al toque.
Volvió al escenario Argentina por Granaina y media  La Carrera, Toná y Seguiriyas. Especial en las formas cantaoras de su Sierra de Armenia, Seguiriya, jonda y por derecho, llena de melismas. A Cádiz, después nos fuimos a Cádiz, con Isla de León. Volamos por esa eterna bahía y nos introdujimos en los cantes festeros; Cantiñas y Bulerías, jaleadas por Oruco y Torombo dispuestos a darle la vuelta al Romea. Sobraos de arte y compás, que reparten por arrobas. ¡Ole Ustedes, Señores!

Continuó el tercio por Huelva. ¡Ay Huelva! ¡Ay Argentina! (a la que desde el público la calificaron como Imperio) ¡Qué paseo por tu tierra! Bordó los Fandangos, palo que domina con maestría y en los que demostró el poderío que atesora y ante el cual ya nos habíamos postrado. En este punto del espectáculo adivinábamos ya el final del mismo que llegó con el mítico María la Portuguesa a la que onubense añade Paquera la Jerezana, María la Portuguesa y Paquera la Jerezana. ¡Pa morirse!

En pie, el Teatro Romea ovacionó a Argentina quién, descalza y a palo seco, susurró un nuevo Fandango que volvió a dejar al público rendido a sus pies. Luego vino Pena, penita pena y cantes por fiesta que dejaron un recuerdo imborrable en la retina de todos los que anoche quisimos que Argentina no se fuera nunca de Murcia. ¡Gracias!

¡Ole tú cantaora! ¡Ole tú Argentina! ¡Señores, ole por Ustedes!

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