Amor y daño

Amar duele. Lo saben, claro. Porque amar es entregarse, rajarse el pecho en canal y ser ustedes mismos en su más absoluta dimensión. Es por ello que en el desamor no son, no somos, nadie. A ello escribe Antonio Manuel en su poemario DAÑO (Utopía Libros) que el jueves 11 de agosto presentó en el Castillo de San Andrés de Carboneras, un lugar mágico donde probablemente la sal que lo circunda y, que lleva siglos arropando sus paredes, cure, curó, el DAÑO más que el paso del tiempo…

Y ese dolor llegó a través de la palabra, la poesía, el cante, el baile y el toque de Antonio Manuel, Laura Vital, Alejandro Rodríguez y David Caro quienes fueron desgarrando, a su forma y modo, los versos certeros del profesor y poeta cordobés para emocionar a la maravillosa minoría que llenó el patio de un lugar que, otrora ocuparon luchas por un trozo de pan que llevarse a la boca, y, donde el pasado jueves, la pugna nos llevó por otras «vereas» con las que reconciliarnos con nosotros mismos.

Por seguiriyas comenzó la noche: «Me eché a perder por amarte tanto, sin darme cuenta de que las macetas se estaban secando» y uno ya podía intuir el calado de las emociones que estaban derramándose a orillas del Mediterráneo almeriense. «Me cuesta romper tu fotografía, infinitamente más que a ti destrozar mi vida» y reflexión. Vello de punta. Por soleá siguieron cantándole al daño que todos hemos rumiado alguna vez en nuestros adentros: «Mi ausencia no tiene carne ni perro que le muerda. La tuya duerme en mi cama y yo ladrando en tu puerta». A las «Llamadas perdidas», a la «Intemperie» o las «Cuentas pendientes» siguió rezando una noche que no podía ser más jodidamente jonda.

Por la tierra, por taranto, removieron conciencias: «Tus miedos no son los míos a ti te asusta la sangre y yo temo a los cuchillos. Cuídate de los cobardes más que de los asesinos». Y cada cuál que concluya donde ubica sus experiencias vitales. La luz llegó por ida y vuelta, y haykiriyas, aquellos cantes macerados a un y otro lado del océano y que llevan en ellos impresos el jolgorio y la alegría del vivir por que el daño también es vida: «A veces la sal cura nuestras heridas mejor que el tiempo». Más reflexión.

Una oda a la belleza, al sentir, al vivir. Gracias, Antonio Manuel.

Redacción: Gabriel Maldonado Rufete.

Fotografía: Jesús Amat.

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