Agua, tierra, aire y fuego en la "Catedral del Cante"

 Me nace recordar los cuatro elementos de la naturaleza y realizar una analogía entre éstos y Rocío Márquez y Lole Montoya. Agua, tierra, aire y fuego, recorrieron, a la forma y modo de las citadas  cantaoras, la Catedral del Cante en la primera de las galas del 37º Festival Internacional del Cante de las Minas. Rocío y Lole, Lole y Rocío. Dos épocas, dos formas de ver el cante, dos proyectos que, unidos, llenaron hasta la bandera el antiguo Mercado Público de La Unión levantado a principio del S.XX en pleno esplendor de la ciudad minera. Por cierto, del quinto elemento, el éter, también versaremos.

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Ella, Rocío. Lo nuevo, lo osado

Volvió una agradecida y emocionada Rocío Márquez al Cante de las Minas casi diez años después de su triunfo en esas tablas y lo hizo con la misma entrega pero con mayor libertad y osadía. Ofreció la onubense al auditorio unionense un exquisito recital de cante, entre lo viejo y lo nuevo, pero lleno de dulzura y conocimiento. Fue sin duda uno de esos conciertos que te dejan una sonrisa dibujada en la boca. Un recital de cum laude, como ella.

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Y comenzamos con el aire, ese aire con el que Rocío meció el cante por guajira para abrir la velada. Porque la choquera es un soplo de aire fresco que nos llega en cada uno de sus trabajos, de sus recitales. Más aires, los malagueños, por serrana, rematada por fandangos abandolaos. Precioso fue su arranque por tangos con los que nos regaló la esencia de Morente y nos dio un gustazo. Brutales, Los Mellis y la guitarra de Miguel Ángel Cortés, a la vera de la Márquez, haciendo juntos diabluras en la Catedral del Cante. Más gustazo. Llorando y en penitencia su siguiente estación, petenera al aire de granaina con la que nos dejó a sus pies.

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Recitó el Romance a Córdoba,  con el toque limpio y certero de Cortés por soleá, recordando a Marchena en otro alarde de sabiduría y elegancia al cante. De Marchena a Hernández, de nombre Miguel, el de Orihuela. Se paseó por la tierra, esa que circunda al pueblo de La Unión y que huele sangre y fuego. Taranta, taranto y cartagenera desgranando la poesía del poeta oriolano: La elegía a Ramón Sijécompañero del alma, compañero. De la solemnidad a la fiesta por bulerías, una bulería dulcísima, sin arrebatos ni prisas. Otro gustazo.

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De la tierra al fuego. Derramó lava Rocío desde sus adentros, de su garganta. Seguiriyas llenas de dolor y emoción. Ahora si, emoción desbordada, que el público unionense agradeció con una fuerte ovación. Caracoles para devolvernos la sonrisa y fandangos, que remató a pelo, para cerrar su actuación frente al público al que puso en pie en dos ocasiones y que en 2008 la hizo Lámpara Minera. ¡Se me olvidaba el éter! El éter, o el duende que diría un flamenco, y que a lo largo de la noche revoloteó alrededor de mi butaca.

Ella, Lole. La tradición, lo añejo.

El agua y con ella la claridad. Eso fue Lole, Lole Montoya. Cerré los ojos y creí volver a mi niñez. Me trasladé a mis años 80. Recordé el Volkswagen Passat de mis padres, camino a Roquetas de Mar con mi familia desde Almería, por El Cañarete. Sonaban durante aquellas interminables curvas frente al mar esos himnos que anoche nos devolvió la trianera. Recordé a Pepe «el de Roquetas» y su mujer Angelita, a Dina, su hija. Recordé mi barrio, mi tocadiscos y los vinilos de mi casa. También me vino a la memoria María Jiménez, Rocío Jurado o Chiquetete. Yo era un niño. Y claro, con esos recuerdos en la voz de Lole, me ericé. De nuevo el éter, el duende.

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Con La Mariposa y Dime se inició nuestro viaje al abrigo de esa voz madura pero llena de matices y contrastes. Bulerías con una Lole sonriente, Al alba con alegría y ese mítico «arroyo claro, fuente serena» para llevarnos a continuación por tangos. Ofreció Lole Montoya el punto especial de la noche alternando en su cante varias letras en árabe junto al toque de Juan Carmona y Juan José Suárez Paquete y la percusión de Lucky Losada. Continuó ofreciendo mas himnos por bulerías. Cabalgando o Nuevo día. Aceleraba y pausaba el cante a su antojo, ofreciendo momentos de fuego, porque sigue teniendo fuego en su garganta.

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Más emoción contenida con otra de las bandas sonoras de nuestra vida, Todo es de color, que el público cantó a petición de Lole junto a sus músicos. Con Romero verde puso punto final a su actuación en La Unión con el respetable desalojando lentamente la Catedral del Cante y diciendo: Lole sigue siendo mucha Lole.

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En la jornada de hoy sábado 5 de agosto el protagonismo lo recogen dos hombres: uno muy cercano a La Unión, Lámpara Minera 2007, Juan Pinilla. El otro, un joven cordobés que está rompiendo moldes con su violín flamenco, Paco Montalvo. La cita a las 23:00h. en el antiguo Mercado Público. ¡Allí nos vemos!

Redacción: Gabriel Maldonado.

Fotografía: José Miguel Cerezo Sáez.

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