Salvaje y sutil

 Como nos gustan tanto viajar, en la noche del viernes nos fuimos a pasear por otras vereas. Por unas horas aparcamos la silla de nea, las falsetas de una guitarra y los quejíos flamencos, los volantes y las peinetas para dejamos embaucar por otras músicas, por sonidos distintos, bellísimos. Y como lo que no dejamos de buscar, lo que anhelamos es la magia, hicimos este viaje con un alquimista del arte, Ara Malikian. Músico, violinista, que como nuestros flamencos anda sobrao de duende, duende que recorrió libre y anárquico el Teatro Circo de Murcia en una noche, una de esas noches que uno no querría que acabase nunca…

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 Recorrimos otras culturas, bebimos otras esencias. Nos llevó Ara por el Líbano donde nació, nos paseó por Alemania con su Pisando flores que el violinista creara por aquellas latitudes. Hizo una parada por Londres con Paranoid android de Radiohead en su virtuoso violín que arrebataba o pausaba a su antojo. Y ya, a los quince minutos de comenzar el espectáculo, el Teatro Circo, con el cartel de no hay billetes colgado desde hacía semanas, caía rendido a los pies de este animal escénico.

Abarcaba histriónico todo el escenario Ara desgranando con su violín la que autoproclamó Fantasía murciana nº3 y tuvo un bonito recuerdo a Manuel de Falla con La danza española de La vida breve del genial compositor español. Su hijo Kairo también correteó, en la sonrisa de su padre, por las tablas del teatro murciano con el Vals de Kairo que le compusiera aun en la barriga de mamá. ¡Qué envidia pequeño!

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La pausa y el sosiego de El verano de Vivaldi, la melancolía de Agua y vino de Egberto Gismonti nos hicieron recobrar la respiración tras el derroche de energía y fuerza de los músicos. Lo necesitábamos para afrontar la última parte del espectáculo con Cashmir de Led Zeppelin ¡Lo necesitábamos! ¿O no? Brutal Ara Malikian por esta mítica banda británica.

Volvimos a sendas más clásicas en las que se acordó entonces el libanés de Paganini y Sarasate, grandes maestros del violín. Ofreció el Zapateado del violinista navarro para continuar por otro de nuestros genios, Paco de Lucía y su Zyryab. De nuevo dulzura y locura en esta aleación de arte, de formas de ver la música y modos de ofrecerla. Se tornó en un ambiente tétrico y paranóico el Teatro Circo para su 1915 como sentido homenaje a las víctimas del genocidio armenio, tierras de las que procede el violinista y que ahora hace 100 años vieron caer a miles de hermanos.

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Y claro, no anduvo solo el libanés en esta noche mágica en la que el artista y sus compañeros ofrecieron más de 2 horas y media de música, de alquimia. Humberto Armas a la viola, Jorge Guillén al violín, Nanta Khumar con la tabla hindú, Tania Abad y su contrabajo, Cristina López al violonchelo y Héctor El Turco a la percusión (los cacharritos según Malilkian) arroparon al violinista frente al público murciano, un público que se desnudó ante el derroche de este artista libre, salvaje e inclasificable. Enorme Ara Malikian, quien se despidió de Murcia con su toque sensible y sutil, por Bach.

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