De Gerundina a Lucille

De las sevillanas tres mil viviendas a los Estados Unidos. De los aromas mediterráneos a los vastos páramos americanos. Del lamento de la seguiriya al blues más melancólico…

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Hermoso fue el homenaje que regaló Raimundo Amador a su compadre, B.B. King, en Murcia el pasado jueves 14 de enero en el más icónico de nuestros espacios escénicos. Brotaron de los dedos del guitarrista sus raíces más jondas que fusionó con ritmos nacidos en otras latitudes y que siente, que son, propios.

Y nos llevó el maestro Amador de orillas del Guadalquivir al Missisipi, de la dehesa andaluza a los campos de maiz y las carreteras sin destino norteamericanas. ¡Qué frenético viaje a su vera!

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Latió el Blues, ya desde los inicios de la noche por todo el Teatro Romea, paseándonos el sevillano de la mano de grandes de esta bendita locura llamada música. Billy Cobham, Lenny Kravitz, Jimmy Hendrix, The Allman Brothers, Prince y por supuesto, B.B. King, sonaron bajo el prisma y el toque vertiginoso de Raimundo Amador con el acompañamiento a la guitarra eléctrica de Ricardo Marín y Humberto Girón que dieron más contundencia al sonido de Raimundo.

Su Puchero y su Candela, su Gustito y su Bolleré levantaron de las butacas al público murciano que jaleaba cada uno de los punteos de su guitarra, de sus falsetas eternas, mágicas, potentes. Un público que celebraba la energía que manaba del escenario y que envolvía a un Raimundo Amador gozoso, ensimismado en las cuerdas de su sonanta. Como ensimismados anduvieron Manuel Reina a la batería y Raimundo Amador Jr. Mundi a la percusión con solos que deleitaron a la sala.

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¡Ay esa Gerundina y esa Lucille! ¡Ay esas noches alrededor del mundo entre compadres! Tras su enorme alarde de conocimiento y madurez a la guitarra con Red baron, el Blues de la Frontera, Mama said, Purple rain o The thrill is gone, que dedicó a B.B. King mirando al cielo, paró la noche Raimundo con su toque flamenco, ese toque que comenzó a navegar hace unos cuantos años en Los Gitanillos, ese toque que otrora acompañara a Camarón de la Isla o a Enrique Morente. Pena y dicha, tristeza y vida. Seguiriyas y bulerías fueron sus paradas más flamencas acompañado por el cante de Ezequiel Montoya.

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Se despidió de Murcia Raimundo Amador arropado por sus músicos, por fiesta, con esa pataita que nunca falta al abrigo de un compás por bulería, un compás que es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, como lo es Raimundo Amador, como lo fue B.B. King. Un mito en Murcia, el otro en el cielo. Disfrutando, como el Romea anoche.

Texto: Gabriel Maldonado.

Fotografía: José Miguel Cerezo Sáez.

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