Vicente Amigo regala una noche de emociones

 En el año 1988 un joven Vicente Amigo se alzó con el Bordón Minero, treinta años después, aquel chico se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los guitarristas flamencos más importantes de la historia. En la noche del pasado martes, en el marco del LVIII edición del Festival Internacional del Cante de las Minas ofreció un recital que se ha quedado guardado en el cajón de los momentos especiales del festival de La Unión. Amigo estuvo acompañado por Rafael de Utrera al cante, el baile y compás de Antonio el Choro Molina, la segunda guitarra de Añil Fernández, la percusión de Paquito González, el bajo de Ewen Vernal y la gran sorpresa de la noche: Pedro el Granaíno.

El sevillano presentó a una abarrotada Catedral del Cante temas de su último trabajo Memoria de los sentidos, que fue intercalando con algunos otros y que son ya parte de nuestro acerbo musical. Solemne, por taranta, comenzó el de Guadalcanal. Con el único acompañamiento de su guitarra y un foco de luz cenital, Amigo, fue recreándose en las cuerdas de su sonanta para provocar las primeras emociones de la velada. La taranta se convirtió en soleares que cerró por bulerías con el suave compás de sus compañeros, que en un discreto segundo plano, arroparon al guitarrista. La declaración de intenciones estaba hecha.

Tras la primera de las bendiciones del respetable, nos llevaron por tangos. A la vera de Vicente Amigo ya teníamos al enorme elenco de músicos que lo acompañaron a lo largo del recital y que aparecían, para dar mas luz, y, desaparecían elegantes, dando el espacio que merecen las seis cuerdas del tocaor. Rafael de Utrera fue el primero en reivindicarse frente al toque del jefe. Tangos del arco bajo que sonaron a gloria con la voz cantaora del utrerano. Autorretrato de su trabajo Tierra por bulerías para continuar encendiendo la noche, incendio agravado por su toque por seguiriya.

Alegría y fiesta por rumba, Amoralí, en comunión con la voz de Rafael de Utrera y la percusión certera de Paquito González como preludio a otro momento especial con el baile de Antonio “El Choro” Molina por bulerías. Bonito su diálogo con la música, enorme su dimensión en las tablas y gigante su expresividad. Más bendiciones desde el coliseo unionense. Ya en la recta final del espectáculo, llamó Vicente Amigo a un invitado de lujo: Pedro el Granaíno. El cantaor se unió al elenco para ofrecer, despacito, y con su voz rota, la bulería Cuatro Lunas. El guitarrista sonreía y La Unión gozaba.

 En Memoria de los sentidos, Vicente Amigo recuerda al maestro, al genio Paco de Lucía con Réquiem, compuesta y escrita por él mismo. Las voces de Rafael de Utrera y Pedro El Granaíno se fundieron con el toque de Vicente, creando momentos vibrantes para cerrar la noche. En solitario, remató este particular Réquiem y su recital en la Catedral del Cante. Con él brotaron algunas lágrimas y las emociones saltaron por los aires. 

Redacción: Al aire y a compás.

Fotografía: José Miguel Cerezo Sáez

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