Miguel Poveda "enlorquece" a Murcia

 En la noche del pasado sábado 29 de septiembre Miguel Poveda me devolvió a una época bonita, la febril Almería de los años ochenta. Emergió a su vera el recuerdo de mi infancia: mis padres, mis maestros y aquel bendito colegio, el Ciudad de Almería. Crecí en un entorno rodeado de energía y sensibilidad, esa misma que anoche Poveda arrojó desde las tablas del Cuartel de Artillería de Murcia. Leíamos a Lorca, Machado o Villaespesa y agitábamos la blanca y verde como signo de identidad de un pueblo que estaba despertando. Yo era un niño con sueños y de algún modo ya estaba enlorqueciéndome…como lo está el catalán.

Ofreció Miguel Poveda un completo espectáculo con dos partes bien diferenciadas pero que se retroalimentan. Para comenzar, presentó a Murcia su nuevo trabajo: ENLORQUECIDO. Se viste en él Poveda con los versos de Federico García Lorca y los hace suyos. Adorna esa poesía eterna con una contundente propuesta musical con la que circunda el flamenco, pero en la que está irremediablemente presente. Y de la poesía de Lorca a sus raíces. Desbordó la noche con su cante flamenco, ese cante hilado con fino oro para completar las cerca de tres horas de espectáculo.

El imaginario lorquiano comenzó a brotar de su garganta con No me encontraron. Alba y ese “corazón oprimido que siente junto a la alborada” dio paso a El silencio y Murcia se dejaba ir con el susurro de su cante.

Oye, hijo mío, el silencio.
Es un silencio ondulado,
un silencio,
donde resbalan valles y ecos
y que inclina las frentes
hacia el suelo“.

Los Cuatro muleros, Anda jaleo, La TararaOjos verdes… estaba frente a decenas de emociones y recuerdos a los que Miguel les dio color. Nos llevó de la música popular al desamor, al que García Lorca escribió como nadie. ¡Ay voz secreta del amor oscuro!, Oda a Walt Whitman, Carta a Regino Sainz de la Maza, Canción de la muerte pequeña o Grito hacia Roma. Textos para escuchar y escuchar, leer y leer, reflexionar.

Cerró su viaje con García Lorca con Son de negros de Cuba poniendo la nota de color a un recital teñido de melancolía…

Cuando llegue la luna llena
iré a Santiago de Cuba,
iré a Santiago,
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago“.

Pasó de enlorquecernos a arrebatarnos. Se acordó de su origen, para comenzar la parte flamenca, por taranta: La Paca y Puertollano, el recuerdo a su padre y un bonito homenaje a su madre fue el punto de partida. Nos meció dulce, en la fresca noche murciana, por guajira junto a la creciente sonanta de Jesús Guerrero. Tuvo ecos a Enrique el Mellizo por tientos y nos dio un paseo trianero con El Titi por tangos para ir caldeando el ambiente…

Ambiente que hirvió por alegrías. Nos regaló Miguel Poveda un viaje por los grandes del cante gaditano con el compás certero de Carlos Grilo, Dani Bonilla y El Londro y la omnipresente y respetuosa percusión de Paquito González. Seguiriyas a la vera de Antonio Mairena rompiendo el metal de su garganta, la siguiente parada: Eran tan grandes mis penas o Si algún día yo te llamara.

La noche iba acabando y que mejor manera de hacerlo que llevándonos por bulerías para volver a encender al Cuartel de Artillería. Con el recuerdo a Camarón de la Isla y su mítica La Leyenda del Tiempo se despidió, aunque Murcia no lo iba a dejar irse con tanta facilidad. Volvió al escenario Poveda para derrochar más energía: Voy a perder la cabeza por tu amor.

El fin de fiesta llegó con sorpresa. Miguel invitó al escenario a la cantaora granadina Ana Mochón y al bailaor gaditano Juan Ogalla, presentes entre el público, y juntos acabaron por darle la vuelta a la noche murciana con una larga ronda de cante y pataitas por fiesta. Miguel Poveda volvió a hacerlo. Si, Murcia volvió a sonreír a su vera.

P.D. ¡Ganazas de volver a verlo en formatos más íntimos, cercanos y con el flamenco como único discurso!

Redacción: Gabriel Maldonado.

Fotografía: José Miguel Cerezo Sáez.

error: © Todas las imágenes y contenidos de la web son propiedad de alaireyacompas.es