La Cumbre Flamenca se tiñe de valentía y libertad

 En la noche del viernes 15 de febrero, el Teatro Romea abrió sus puertas al arte de Tomasito y Rosario la Tremendita. Dos propuestas completamente distintas pero llenas de valentía y libertad, que hicieron disfrutar a la maravillosa minoría flamenca de la Región de Murcia. Voló así, el flamenco, libre en la segunda velada de la XXVI edición de la Cumbre Flamenca Murcia con una arriesgada y necesaria apuesta. ¡Ole!

Tomasito fue el encargado de abrir la gala con su flamenco fresco y amable. Ofreció el jerezano una exhibición de conocimiento, aleada con gracia y toda la ironía del mundo. Es su arte una oda a la poca vergüenza pero apegada a los puntales del cante. No se puede hacer lo que Tomasito hace sin un vasto dominio de este Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

A medio camino entre el cante y el rap, o, entre el baile y el claqué, el artista que volvía loca a Lola Flores, acompañado por la guitarra de Paco Vidal y la percusión de Miguel Ángel Orengo, fue desgranando temas que son himnos para su legión de seguidores y que sonaron por soleá, rumbas o bulerías. Se acordó de Terremoto, la Paquera o Tío Borrico, también lo hizo de los banqueros y los tiburones con la pataita del mangamiento, y Murcia, a la par que disfrutar del flamenco del príncipe del compás, sonreía. Sigo albergando una duda ¿De qué tiene más dosis Tomás? ¿Arte o descaro?

De la fiesta y la algarabía, a la vanguardia más profunda en la segunda parte de la gala que estuvo protagonizada por Rosario la Tremendita. Presentó la trianera en la Cumbre Flamenca Murcia su trabajo “Delirium Tremens 2.0” acompañada por Daniel Suárez. Solemne comenzó su actuación, por soleá. La voz jonda de Rosario se fundió a la percusión de Suárez y pronto nos dimos cuenta que ahí había enjundia, como lo hubo por colombiana: Oye mi voz, que ella no calla.

A continuación se arrancó por taranta con el flamenquísimo metal que atesora en su garganta, taranta que fue tornando en psicodelia flamenca con la unión del bajo y decenas de matices electrónicos. Yo flipaba, y ella fue ligando cantes, ritmos y sonidos de naturalezas lejanas al flamenco pero ¡cómo sobrecogían! Serrana, petenera, fandango y bambera. Una locura y efectivamente ¡ni una sola palabra para los cobardes!

Frente a frente con Daniel Suárez, en una intensa pelea de gallos al cajón flamenco, nos llevaron por tangos, “porque a mi también me gusta la fiesta“. Por farruca volvió a demostrar que el flamenco no tiene límites, y que, como ya hicieran maestros como Camarón o Morente, desde el conocimiento se puede llegar hasta donde uno quiera. Rosario la Tremendita lo hace con libertad y respeto. Se despidió de Murcia por tangos, tangos personalísimos, como toda ella.

Y sí, el flamenco voló libre, valiente, osado por la Cumbre Flamenca Murcia.

Redacción: Gabriel Maldonado.

Fotografía: José Miguel Cerezo Sáez.

 

error: © Todas las imágenes y contenidos de la web son propiedad de alaireyacompas.es