Granada en estado puro en "El Malacate Flamenco"

 Claudia la Debla, Manuel Heredia y Antonio de la Luz, arrancaron el pasado domingo un trozo de la Granada más pura para verterlo a borbotones sobre la maravillosa minoría de “El Malacate Flamenco” en uno de los tesoros modernistas de la Región de Murcia, el Teatro Apolo de El Algar, que solo pudo rendirse y disfrutar de este arte nacido en las entrañas y que es capaz de atravesarte y hacerte estremecer en tu butaca. Eso es el flamenco. Eso es Granada.

La velada comenzó con sosiego a la vera de la guitarra de Antonio de la Luz, quien, jugueteando con las cuerdas de su sonanta, nos postró a los pies de Manuel Heredia, gitano de Graná, de cante salvaje y desgarrado. Arrancó por soleá de Triana lanzando al aire su quejío profundo, en recuerdo a Chocolate, uno de sus referentes.

Aunque murmure la gente,

naita van a conseguir. 

Yo te quiero ciegamente,

como tu me quieres a mi”

La noche se comenzó a desbocar en “El Malacate Flamenco” por taranto con el baile de Claudia la Debla, una niña de 13 años que sobre las tablas se transforma en una suerte de fuerza de la naturaleza. Te engancha con su mirada,  te sostiene con la firmeza de su taconeo para matarte con el contoneo de su, aún, pueril figura. Y uno dice: ¡Qué bestialidad estoy viendo! ¡Qué b-e-s-t-i-a-l-i-d-a-d! Erizado a la par que derretido con ese taranto, taranto que torna a tangos con olor a zambra, a Sacromonte y Albaicín y que la Debla desgrana con firmeza y pasión.

Con el corazón encogido, nos quedamos al abrigo de Manuel Heredia que continuó estremeciendo con su cante por cuplé por bulerías, ese cante que te traslada a otras épocas, a dolores vividos, a emociones presentes. Y uno se vuelve a dar cuenta de por qué está enganchado al flamenco cuando el granaíno recuerda letras míticas de Los Chichos o Antonio Machín;

A veces quiero estar solo,

no quiero que nadie a mi me hable,

prefiero vivir la vida,

como un péndulo en el aire

 

Se vive solamente una vez,

hay que aprender a querer y a vivir,

hay que saber que la vida se aleja

y nos deja llorando quimeras“.

Rompió su garganta de nuevo Manuel para ponerla al servicio de su Debla por soleá por bulerías y juntos volver a hacernos sentir, a crear magia:

Cuando levantas los brazos,

se pone el mundo a tus pies,

pura y flamenca bailando,

la Debla tiene que ser”

 

“Debla cuando tu bailas,

se viste de gala el sol,

se viste de gala el sol,

tu lo llevas tan adentro

que mana del corazón“.

Y con esas letras, la Debla solo puede apoderarse del escenario, de todos nosotros: grita, se descalza, pasea erguida por las tablas del Teatro Apolo, se hace dueña del tiempo y te vuelve a erizar una y otra vez con esa energía que nadie sabe de dónde puede nacer…

Extasiados, llegamos al final de la noche que el trío de artistas granadino remató por bulerías recordando a Luis de la PicaPerrate y la Bernarda y la Fernanda y dejando una profunda huella en la Asociación Cultural “El Malacate Flamenco”. ¡Señoras, señores, apunten el  nombre: Claudia la Debla!

Redacción: Gabriel Maldonado.

Fotografía: José Miguel Cerezo Sáez.

 

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