No perdamos la cabeza

Que Rosalía es el producto más grande que ha generado la música española en mucho tiempo no es ninguna novedad, como tampoco lo es que no canta flamenco strictu sensu. La catalana, a medio camino entre estudio y trabajo, inteligencia y apoyo mediático, y sin duda, una voz preciosa, ha conseguido volver loco al mercado discográfico, crítica y aficionados. Sin saber bien de donde viene o hacia donde va, lo que está claro es que la niña nos tiene a todas y todos en el bolsillo (o tirándose de los pelos).

Comencemos por el principio. Su primer disco, “Los Ángeles”, fue una delicia. Puso Rosalía su voz de seda al servicio de la guitarra tosca de Raül Refree y de esa alianza nació almíbar. Un disco oscuro para escuchar en soledad y regocijarse en esas letras eternas que el flamenco y la música popular española nos ha dado a lo largo de la historia. Ese fue su alfa, y llenando teatros y auditorios, fue forjando su nombre la catalana, nombre que ya ha trascendido allende nuestras fronteras.

Con El mal querer el salto es brutal. En su segundo trabajo sigue buceando en los códigos flamencos, códigos a los que da completamente la vuelta, actualiza y con los que entronca directamente con esta sociedad 3.0 para encono de las huestes más ortodoxas que reniegan de cualquier parecido de la catalana al flamenco. Se lanza al trap a compás de tangos, seguiriyas o bulerías y ¿quién se atreve decir ahora que no canta flamenco? Claro, no lo hace siguiendo esa línea ortododoxa antes aludida, como Picasso tampoco pintó un caballo en “El Guernica” ¿O si lo hizo? ¡Qué hubiese dicho Velázquez! Eso es el arte.

No perdamos la cabeza. Críticas todas las del mundo, claro, pero respeto también. No será “la Camarón” o “la Morente” del S.XXI,  nadie podrá serlo. Lo que sí es, es una auténtica revolución que está llevando otro flamenco a mundos inimaginables. En la presentación de “El mal querer” hace unos días en Madrid consiguió reunir a más de once mil personas. Once mil almas que han conocido de su mano a la Paquera de Jerez rondando la seguiriya “Reniego” (“Remedio no encuentro”, cantó la Paquera) o a la Repompa de Málaga con sus tangos. Casi na.

¿La veremos algún día cantando por derecho una soleá en cualquier peña de España? Eso solo ella lo sabe, mientras tanto sigue creciendo y llevando el flamenco por bandera, y que alguien me diga que el caballo de “El Guernica” no es un caballo y si Rosalía puede cantar lo que le de la gana y como le apetezca. A eso se llama libertad. ¿Quién da mas?

Redacción: Gabriel Maldonado.

Fotografía: José Miguel Cerezo Sáez.

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